En un entorno de bombardeo de utopías negativas, los pronósticos del Departamento de Estado sobre la democracia venezolana “puesta a prueba” este 6 de diciembre -o incluso el supuesto socavamiento de ella-, no sólo plantean a viva voz un punto de “inflexión” que acelere una mentada y anhelada transición, sino que, nuevamente, avizora un intento, por las mismas formas, los mismos medios y los mismos actores, de reeditar el relato de la Venezuela paria y el presidente que por la mañana ordena sesiones de tortura y por la noche baila salsa pegada en Miraflores.

Por lo evidente, lo persistente, lo obvio, esta política hacia Venezuela -con declaración de amenaza a su seguridad incluida-, flota sobre un vacío narrativo que impide dar un salto en la escalada bélica en el país y por esto mismo es que las elecciones del 6 de diciembre pretenden ser el “muertico necesario” de la política exterior estadounidense para justificar todo aquello a lo que se le quiera dar legitimidad y consenso dentro de la región y el mundo.

La democracia “imperfecta”

Luego de sostener que Venezuela es un “ejemplo de una democracia imperfecta”, el secretario del Departamento de Estado, John Kerry, sin ningún disimulo ni forma, remarcó que las próximas parlamentarias serán “la vara para medir qué tipo de democracia es la venezolana”, por lo que a esta amenaza entre líneas hay que contextualizarla de la siguiente forma:

  • Como parte de una política sistemática aplicada a la región, en la que Estados Unidos emite constantemente comunicados en los que deslegitima al Estado venezolano e intenta construir una supuesta política multilateral en el continente para aislar a Miraflores de su entorno inmediato y favorecer el anhelado cambio de régimen. Esto se sintetiza en la sentencia de Michael Reid del bipartidista Council on Foreing Relations (Consejo de Relaciones Exteriores, la CFR), la cual dicta que “la prueba del enfoque multilateral de la administración Obama vendrá cuando el país celebre las elecciones parlamentarias en diciembre. Si el voto es remotamente libre y justo, será gracias a la presión de otros países de América Latina”.
  • También en el contexto de un imaginario de “crisis humanitaria” en el país pregonado por el jefe del Comando Sur, John Kelly, quien recientemente afirmó que Venezuela está cerca de “una implosión” y un colapso económico, un tema que supuestamente le saca 40 segundos al día para “rezar por los venezolanos”, ya que según él, si llegado el caso de que esto casualmente sucediese y necesitaran comida y agua, “estaríamos dispuestos a reaccionar a través de la ONU, la OEA y la FAO”. Y no es casual que lo diga porque hay think-tanks con el mismo discurso, como ya veremos.
  • La irrupción del tema Venezuela en el precalentamiento de la campaña estadounidense en la boca de Hillary Clinton (“La democracia se está socavando en Venezuela”) no sólo demuestra que la política es bipartidista, sino que lo hace cuando los principales electores a seducir no son los latinos, al borde de ser la primera minoría del país, sino los financistas electorales, donde destacan los fondos especulativos o buitres, y las trasnacionales del boom del fracking, según The New York Times. Ante esto no es para nada casual que Clinton sostenga que la democracia en Venezuela se esté socavando y resalte que en varias ocasiones le ha pedido “al gobierno venezolano que respete los derechos humanos y la democracia del país, que lleve a cabo elecciones justas y permita a las personas el derecho a protestar y manifestarse en democracia”. Los lobbys se están moviendo y los títeres están hablando.
  • Así que por pura decantación podemos ver cómo esta atmósfera discursiva es ambientada por think-tanks como Stratfor (conocido por ser el brazo especializado de la CIA) e Internacional Crisis Group (ICG), que tiene como financista a George Soros y en su nómina al ex jefe de la Otan, Wesley Clark, conocido por ser aquel pitoniso andante que reconoció el cambio de régimen en siete países árabes programado por la Administración Bush. Los dos coinciden en una posible derrota del chavismo y en haber sido las dos ONGs que picaron adelante en preanunciar un golpe antes de la Operación Jericó (Stratfor) un mes antes de ser ejecutada, y la inminencia de saqueos antes de lo ocurrido en San Félix (ICG).

Pese que hasta Bloomberg pone en duda una posible victoria de la MUD en las parlamentarias, lo cierto es que esta narración única está destinada a negar sistemáticamente una victoria electoral del chavismo para desde ahí justificar el llamado a desconocer los comicios.

La observación electoral “independiente”

Bajo esta narración única, la mentada política multilateral ha intentado instalar, sin éxito, la necesidad de una misión electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), largamente conocida por su nombre artístico de Ministerio de Colonias de Estados Unidos, por lo que no extraña que el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Mark Toner, haya repetido hace unos días el mismo verso con diferente sintonía declarando que “la inclusión y un nivel de juego nivelado son clave para unas elecciones libres y justas. Y también, por supuesto, una creíble y efectiva observación electoral internacional”.

Plantean las parlamentarias como otro interesado (e imperial) punto de inflexión

Por lo que ante el rechazo de Venezuela a permitir el saboteo de la OEA y el reconocimiento de la Unasur como la institución adecuada para monitorear los comicios, preciso es utilizar la columna de Daniel Lansberg-Rodríguez en Foreign Policy para delimitar cuál es la línea de los lobbys sobre el monitoreo del organismo regional:

  • El ex Goldman Sanchs califica a la misión electoral de la Unasur como “burócratas en un viaje de campo, no como perros guardianes del voto”. Por lo que no “augura nada bueno para la posibilidad de una elección verdaderamente justa”, debido a la negativa de permitir una misión de la OEA. Y no es que deslumbre en un fino análisis, sino que vuelve a repetir con matices lo mismo que Toner y también gran parte de los expertos en relaciones internacionales de la región, destinados sistemáticamente a decir lo mismo, pero con distintas palabras.
  • Para justificar su posición, Lansberg-Rodríguez, también ex Fundación Eugenio Mendoza, afirma que “los regímenes más autoritarios buscan cultivar un barniz de legitimidad democrática. Como resultado, algunos autócratas modernos han ideado otra opción: que da acceso a los observadores electorales con los que se puede contar para proporcionar opiniones susceptibles, para enfrentar mejor la situación cuando los observadores más creíbles denuncien violaciones”.
  • Más allá sobre lo evidente de que se desprecie a la Unasur a favor del Ministerio de Colonias, la deslegitimación de la misión electoral del organismo regional no sólo está destinada a sabotearla sino nuevamente a plantear a las elecciones parlamentarias como ese interesado punto de inflexión, en la que unos países -los suyos, preferentemente-, intenten romper los consensos puertas adentro de la Unasur sobre la legitimidad o no de los comicios.

Por lo repetido, no es lo que vayan a dejar de hacer y menos si Lansberg-Rodríguez lo dice entre líneas en la misma Foreign Policy que declaró a Venezuela como uno de los diez escenarios de guerra del mundo durante el 2015.

Los últimos: de la división a la tragedia

Lo concreto es que los financistas de la campaña electoral estadounidense que Hillary Clinton intenta seducir en las primarias demócratas, están hablando claro a través de las dos ONGs ya citadas, Stratfor e ICG, donde sostienen lo siguiente:

  • En un informe para suscriptores de Stratfor, la primera plantea la posibilidad de que una derrota, bajo las estimaciones de la fantasmagórica Datincorp “podría hacer que la facción del Psuv controlada por Maduro y Cabello pierdan poder para tomar decisiones económicas”. Lo resaltante es que cuando Stratfor (la CIA, repetimos) habla de disidentes que se plantan contra el Psuv nombra a “Marea Socialista y grupos del movimiento MBR-200”, siguiendo el punto de “infiltración de la base chavista”, planteado por William Browfield, exembajador de Estados Unidos en Caracas, como una de las cinco acciones para terminar con la Revolución Bolivariana.

Su plan necesita una “transición” que no va a llegar pronto

  • Aún y con eso, hay que reconocer algo que la agencia de vuelta dice entre líneas cuando se refiere a que este “escenario puede desencadenar una pérdida electoral en 2019 para el gobierno” porque están reconociendo también lo obvio: qué más allá de la conspiración, su estrategia está atorada en Venezuela y se están pensando un gobierno revolucionario hasta el 2019.
  • Sin lugar a dudas, esta vez ICG asume la artillería pesada luego de lanzar el informe “Venezuela, un desastre evitable” donde anuncia un supuesto e inminente colapso con una posible tragedia humanitaria en curso. Esta vez es su representante para América Latina, Javier Ciurlizza, quien desde su sede en Bogotá remarca que “el colapso de la infraestructura de salud y bienestar social probablemente dificulte aún más el manejo del conflicto político, y podría derivar en una mayor erosión de la democracia y una creciente probabilidad de violencia política”.
  • Aparte de que la acción inmediata propuesta por la ICG de Soros sea la presión internacional para restaurar el Estado de Derecho en Venezuela, empezando por una supervisión de las parlamentarias, Ciurlizza plantea lo mismo que Lorenzo Mendoza y Ricardo Hausmann cuando sostiene que para evitar una tragedia el “gobierno debería admitir los problemas, seguido del desmantelamiento del sistema de control de cambios y de la búsqueda de un apoyo amplio para implantar un programa de emergencia que restaure el equilibrio económico y proteja a los más vulnerables”.
  • Y para eso, aunque no lo dice, se necesitaría una transición, como exigen Bank of America y Barclays para, paso seguido, una ayuda externa -como recomienda Hausmann-, y luego un ajuste estructural post-aplicación de la fallida doctrina del shock en curso, como afirma ICG.

El problema es que se están ahogando en su propio lodo y algunos operadores locales, como Mendoza, quizás no puedan salir.

MISIÓN VERDAD

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