Escribir una leyenda

Necesario es poner de relieve el tema económico como una de las cuestiones medulares en la coyuntura electoral del 6D, entendiendo que es la dinámica impuesta en el marco de la guerra económica la que ha dado a revelar las cualidades de orientación política tanto del chavismo como de la derecha.

Hablar de “contraposición de modelos” en el marco de una campaña electoral tiene pocas veces tanta vigencia como hoy en Venezuela. La derecha impuso la economía de la guerra en el espacio de la política, extorsionando a los grandes sectores sociales del país en favor de su objetivo político, mientras el chavismo se atrinchera en la defensa del modelo de inclusión y construcción del socialismo.

De cara al 6D, los planteamientos económicos trascienden al plano de la subjetividad. Para la gente, interpretar lo que sucede en la economía implica determinar responsables, pero también vislumbrar alternativas de solución.

Lo que sigue son apuntes extraídos de un estudio hermenéutico realizado por el autor de esta nota, en un ejercicio de interpretación (análisis de medios) de los principales elementos de las campañas electorales y que se cruzan con el tema económico.

Elementos discursivos de esta campaña, asociados a lo económico

La campaña de “cambio”: El discurso opositor de apoyarse en el desgaste de la población a consecuencia de su guerra económica parte del principio de ofrecerse a sí mismos como una alternativa creíble para “cambiar la economía” y por extensión “cambiar al Gobierno que generó el desastre económico”. Pero la guerra se ha afincado contra la gente de manera tan contundente y en lo concreto, que buena parte de la población encuentra en el comerciante, en el del abasto, en el pequeño actor económico en el terreno, parte de la responsabilidad en cuestiones como por ejemplo la especulación. Por esto, muchas personas comunes no asocian que un cambio de diputado tenga un efecto concreto para su día a día.

Por otro lado, gran parte de la población entiende que en circunstancias económicas en las que los empresarios exigen más poder -y lo exigen a través del voto a sus vasallos políticos-, todo resultado siempre puede ser desfavorable contra la población. Asumen que “el cambio” no es tal cosa, pues nada nuevo tiene que la burguesía tenga un poder de facto. El chavismo movilizado y consciente, altamente politizado, es totalmente impermeable a esa campaña. “El cambio”, como campaña mejor pensada para oscilantes políticos, se abre paso en medio de un estadio de inconformidad entre buena parte de la población.

Guerra de poderes: Muchos entienden que un desplazamiento de la política en el parlamento que favorezca a la derecha implica una nueva etapa en la pugna política nacional. La derecha ha declarado abiertamente expulsar al chavismo del parlamento para “mejorar” la economía. A la luz del hecho público de que la derecha en el actual parlamento se ha concentrado en intentar paralizar toda la acción del ejecutivo, para los oscilantes electorales -los más pragmáticos en la política venezolana-, la derecha deja de ser una alternativa para ser un factor de incertidumbre o de retroceso, de llegar a la mayoría parlamentaria.

El venezolano emplea criterios concretos para interpretar la política. Si una mayoría parlamentaria opositora se asume en una piedra de tranca de recursos, la economía del país podría sufrir estragos con los que la población (del lado que sea) no quiere lidiar.

Hoy la guerra económica deja de ser una situación abstracta y se vuelve una situación muy concreta

Cambiar al ejecutivo: Entre la población electoralmente intermedia se impone el principio de que debe prevalecer la estabilidad política para que haya estabilidad económica. La derecha ha planteado un abierto desplazamiento del ejecutivo usando al parlamento como portaaviones. Piden el voto parlamentario para ir contra el ejecutivo. Esta estrategia de campaña es contraproducente en quienes se asumen “agotados” de la confrontación política.

Voto castigo: El tema del “voto castigo” como factor componente de campaña electoral se aprecia tanto en el chavismo como en la derecha. La derecha pide voto castigo contra el Gobierno, el chavismo pide voto castigo contra los autores de la guerra económica y el asedio contra el pueblo. Del lado chavista, esta variable cuenta con la fortaleza de que contribuye a la polarización y desarrolla detonantes de “identidad de clase”, reafirma la identidad chavista, coloca al enemigo de clase enfrente, rememora los momentos recientes de la política venezolana en los que la burguesía ha estado abiertamente intentando arrebatarle al pueblo su decisión de gobierno popular chavista. El voto castigo chavista reafirma la autodeclaración de que el pueblo no es extorsionable.

Que la economía mejore: Ambas campañas, tanto en el chavismo como en la derecha, hay coincidencia en el planteamiento, sólo que se diferencian en la metodología para tal cosa. La derecha privilegia la posición de la empresa privada, el chavismo apunta a la profundización del modelo socialista en su variante productiva. Los seguidores de la derecha hablan de desmontar el modelo, los seguidores del chavismo hablan de efectuar correctivos en el modelo.

Para muchos seguidores de la oposición mejorar la economía implica “que cesen los controles al sector privado”, mientras que para muchos chavistas mejorar la economía implica “controlar más a los privados” para evitar los desmanes de la especulación, acaparamiento y boicot. Una de las cuestiones fundamentales en el chavismo pasa por la “profundización de la revolución” en el hecho productivo, por medio de empresas estatales más eficientes, con nuevos actores comunales como entes productivos activos y con el sometimiento del sector privado a las reglas de la economía justa, en beneficio de la gente. Esta distancia que hace el chavismo en su visión de la economía con respecto a la visión de la oposición, da cuenta de que en Venezuela sólo se piensa en dos visiones: una que favorezca al empresariado y otra que nos favorezca a todos.

¿De quién es la culpa?: Para la derecha el enrarecimiento de los sistemas de abastecimiento y precios ha desembocado en situaciones aguas abajo, en la cotidianidad, en la que se reproducen flagelos económicos y se desemboca el oportunismo en el terreno económico de lo pequeño. En el marco de la campaña electoral, la derecha declara al ejecutivo como principal responsable de todo lo que sucede. Pero en la cotidianidad, es difícil que muchos opositores asocien como “culpa de Maduro” que el del abasto especule, que el comerciante venda a precios exorbitantes o que el bachaquero bachaquee. Lo que quiere decir que en la política venezolana muchos elementos se trasladan al hecho cotidiano. Tal situación sucede en el chavismo, cuando en muchos casos a los chavistas se les es difícil trasladar a su cotidianidad que la gran burguesía tiene que ver en la actitud del que atiende el abasto, el comercio o el bachaquero.

En el terreno, la identidad política de los responsables concretos de la guerra económica en lo pequeño, queda expuesta en la propia actitud de los actores pequeños de la guerra económica. Dicho de otra manera: el pueblo, que consume, que compra abarrotes, que va al abasto, que va al comercio, asocia a quienes manejan estos puntos de venta como opositores, oportunistas y especuladores, en la mayoría de los casos.

Es ahí donde la guerra económica adquiere cualidades político-electorales y se vuelve un “de tú a tú”. Para el chavismo es Mendoza, es Procter & Gamble, pero también es “el carnicero especulador”, el que “escondió los huevos”, el que “cambió los precios de los mismos zapatos de un día pa otro”, el del abasto “que manda a votar por la oposición vendiendo productos a sobreprecio”, etc. Para el chavismo este es un detonante de identidad de clase. La guerra económica deja de ser una situación abstracta y se vuelve una situación muy concreta. Los opositores que viven esa misma realidad en sus comunidades, a veces se basan en explicaciones como “ellos no tienen la culpa”, “la carne aumentó por el dólar”, “el comerciante vendiendo huevos a 400 pierde”, etc.

60% de los venezolanos respalda las políticas del Gobierno para resolver los problemas del país

¿Quiénes lo van a solucionar?: Para la oposición dura, sólo un gobierno empresarial es el que estaría más facultado para “asumir la crisis”. Es la consigna de “sacar a Maduro para salir de la crisis”. En la última semana electoral algunos voceros económicos de la derecha, Luis Vicente León, Conindustria y Fedecámaras, deshicieron el guión de campaña y comenzaron a augurar un “desastre económico” para 2016.

Las profecías del desastre no esperaron a fin de año o luego de las elecciones, sino que se han integrado como temario a estas. “El cambio” sale de escena como elemento de valor sustantivo de la campaña de la derecha y recurren a la campaña del miedo y la incertidumbre. Conindustria declara que sobre la nueva AN recae la responsabilidad de “voltear la economía” en una clara estrategia de campaña.

Pero hay otros opositores que entienden que cambios en el parlamento no implican situaciones más allá de simplemente “contener” al chavismo. Para la oposición blanda, los oscilantes electorales y “ni-nis”, el hecho económico implica un mejoramiento en las condiciones fundamentales inherentes a la calidad de vida, especialmente aquellas asociadas al abastecimiento y capacidad adquisitiva.

Entre los oscilantes y “ni-nis” hay mucho pragmatismo electoral. Según Datanálisis en la voz de su director Luis Vicente León -quien habla de “chavistas independientes indecisos”- el chavismo ha repuntado en preferencia electoral por el factor “polarización”, lo cual infiere que los sectores blandos a la hora de definirse optan por la opción que tiene más posibilidades tangibles de asumir una crisis, atenuarla o solucionarla.

Para el chavismo, en sus diversas tonalidades, asumir la crisis se traduce en la contención de los grandes desmanes empresariales, la regularización de los sistemas de abastecimiento y precios, el aumento de la productividad y el trabajo, la continuidad de las regulaciones y la ampliación de los programas y misiones sociales. Entre los chavistas con mayor formación ideológica prevalece el principio de construcción del socialismo como forma de evitar las regresiones económicas e históricas que surgen como amenazas en las coyunturas de crisis económica, el desmontaje del rentismo y del poder que la burguesía todavía tiene sobre la sociedad. Dicho de otra manera: para el chavismo es el chavismo el que está facultado para solucionar la crisis. El plano subjetivo tiene sul ugar; salir de la crisis es continuar y profundizar “el legado de Chávez”.

Sobre la “visión de país” y abordaje a la crisis, recientemente Hinterlaces ha publicado en la voz de su director Oscar Schemel los resultados de uno de sus estudios: “Cuando le preguntamos a la gente entre dos alternativas: que el gobierno del presidente Maduro resuelva (las problemáticas del país) o que venga un gobierno de oposición, 6 de cada 10 venezolanos prefieren que el modelo funcione. No están pensando en cambios ni mucho menos en transición”.

Se reafirma la preferencia en la continuidad del modelo socialista en construcción. Cerca de 60% de los venezolanos respalda las políticas del Gobierno para resolver los problemas del país y apoya el modelo de inclusión que promueve la Revolución Bolivariana.

MISIÓN VERDAD

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