El asedio duró mil días y noches. Desde que nos declararon la guerra a las filas de los pobres esta se acentuó descarnadamente, sin un momento de descanso, sin tregua aprovechando una victoria circunstancial: la muerte del líder. Los primeros días las bajas fueron literales.

Más de 50 muertos y cientos de heridos. El parque bélico de la contra iba desde el literal manejo de armas y espacios para una guerra asimétrica, medios de comunicación, rumores, apoyo de poderosos enemigos externos, mensajes sicológicos para desmoralizar nuestra tropa, trincheras de traidores en lo alto de nuestras filas (la corrupción, el burocratismo, la indiferencia y muchas otras plagas que aún se pasean por los espacio de poder es traición al pueblo) y hasta la dominación de los abastecimientos de alimentación, medicinas y artículos imprescindibles para seguir avanzando.

Aún así, como un ejército unido los fuimos batiendo en diferentes escenarios, tanto en la calle como en las urnas electorales. Durante meses los derrotamos en la calle cuerpo a cuerpo, guarimbas, manipulación mediática internacional, intento de golpes de estado, decreto Obama, anuncios de guerra en las fronteras, los aplastamos en las últimas elecciones antes del 6D, esa en la que impusieron como plebiscito. El ejército de Chávez salía victorioso una vez tras otras como en tiempos cuando el hombre comandaba.

No estábamos preparados para una derrota, debemos reconocerlo y menos desde lo emocional, los afectos. De bolas, quién coño va a una batalla pensando en el descalabro. Pero un ejército que viene avanzando victoria tras victoria y en una guerra que arreció descomunalmente en los últimos mil días y noches, donde no recibió tregua ni descanso, donde los suministros más básicos como alimentación, agua, medicinas, etc, dependía y estaban en poder del enemigo, y aún así no había dejado de avanzar y vencer a las tropas de la contra, un ejército que viene de una victoria sin precedentes como fueron las elecciones de alcaldes y concejales en diciembre pasado. Al caer abatido en una batalla decisiva como las del 6D, el efecto desmoralizante inmediato crea una desbandada.

Este bajón hacia la realidad nos hace buscar culpables a lo inmediato y lo individual para poder justificar nuestros propios fallos y errores. “Yo no tengo la culpa. La culpa la tiene otro, déjame escoger hacia quién apunto mi ira, los que no votaron, los que sí votaron, el gobierno en pleno, los ministros, los diputados, los alcaldes, los gobernadores, las ubechés, los consejos comunales, las comunas, el barrio… Aaaah ya sé: Maduro. Listo, me siento mejor. Ya tenemos un culpable, que se joda”.

Exijamos, rectifiquemos, pero no perdamos de vista que estamos en guerra

Qué arrecho, ¿no? Porque y aunque en estos momentos esa sea la actitud emocional dominante entre las filas, aunque haya errores por miles y culpables por montones, en todos lados desde el Imperio, el gobierno, hasta nuestra vecina de al lado que bachaquea todos los días encareciéndonos todo, queramos reconocerlo o no esto, mi pana, es una guerra, una guerra de verdad, coño, y usted carajo es un objetivo político bélico de ella y en estos momentos somos los derrotados en una de sus batallas.

Lo primero fue desmoralizar parte de nuestras tropas, hacerlos sentir humillados, débiles, cansados por el asedio sin precedentes en lo cotidiano; los desaciertos, la burla y con ello la arrechera paralizante, para luego la contra venirse con todo.

Triunfaron, nos batieron en el terreno aunque el grueso de nuestras filas salió a combatir.  Los ausentes  dentro de nuestras tropas no fueron heridos, ni dados de baja, ni se aliaron con el enemigo el 6 de Diciembre, no, ese día fue la coñaza, ellos no asistieron a esta porque ya habían sido víctimas inmovilizadas durante el asedio de 1000 días. Inmovilizados, ni heridos, ni dados de baja. No se movieron a la orden de avanzar. Pero aun así siguen siendo nuestra tropa.

En estos momentos de tregua y discusión de lado y lado después de la batalla, desde dentro y los costados, los alrededores y las fisuras de nuestro campamento (donde ahorita tratamos de hacer un balance porque el enemigo se reagrupa para un nuevo ataque, uno que considera decisivo para aplastarnos), individuos agazapados, aprovechan el momento, esos que se mueven entre gentíos sin aportar sino sólo la intriga y división tratando de crear más descontento para ganarlos a sus filas y sus fines. “Vendrán quienes tratarán de aprovecharse de coyunturas difíciles”. Chávez, siempre Chávez.

La orden en estos momentos, en cada trinchera, espacio donde estemos, como vemos, es por moralizar la tropa, tanto la heroica que aguantó el asedio y salió a combatir, así como los cansados durante el asedio de mil días que no frentearon. No está fácil la vaina. El tiempo apremia, ellos se reorganizan para, según sus planes, dar la batalla final.

Todo nos demuestra que muchos siguen considerando que este proceso es responsabilidad de un Estado o gobierno y que sólo son soldados que esperan órdenes de él. Reagrupémonos, organicémonos para hacerles frente al enemigo que se viene con todo. Exijamos lo que tengamos que exigir a los que se consideran dirigentes, hagámoslos rectificar, doblésmoles el brazo, pero no perdamos de vista que estamos en guerra. Y a los que se tratan de aprovechar, como dijo el Comandante de las circunstancias difíciles, démosles de baja primero de nuestros afectos y oídos, también son el enemigo, tal vez el más peligroso en estos momentos.

MISIÓN VERDAD

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