El discurso y la promoción del gremio en una revolución es profundamente reaccionario, sea éste cual sea, defienda lo que defienda. Nos divide como clase en proceso de valoración, de reconocimiento, de aceptación, de sabernos, de entender quiénes somos, qué plan podemos tener, qué mundo diseñar, cómo producir la política desde el nosotros, no como grupos, partidos, sindicatos, colectivos sino como clase en revolución.

Está bien que antes de la revolución nos tenían pisoteados y lo único que podíamos hacer en medio de la ignorancia, el sometimiento, era actuar como pedigüeños, limosneros, afiliarnos a los partidos de los dueños para medio aliviar el latigazo cotidiano, crear gremios para la defensa inmediata, que era para lo que nos daba el cerebro. Porque pensar más allá era imposible o se nos hacía imposible, y en ese buscar respiro hasta llegamos a ser tontos útiles al afiliarnos y ser partícipes de las llamadas ONGs, mecanismos creados por las grandes transnacionales para contribuir en cada país al desbaratamiento del Estado para poder dominar directamente los territorios y con ello toda la materia prima existente y la energía de todo tipo, incluida la de la gente.

En medio de toda esa tragedia que es la violencia de la explotación se justificaba que la clase se agrupara para su autodefensa, pero ocurrida la revolución y después de 26 años que nos quitamos el látigo de encima, ¿vamos a seguir pidiendo? ¿Vamos a darle más poder a las organizaciones gremiales, generalmente gente mafiosa que vive a costa nuestra y que en medio de la revolución se dedica en nuestro nombre a fustigar al gobierno, a chantajearlo para exigir salarios o derechos que fueron imposibles de obtener en el capitalismo, y que tampoco en medio de la guerra franca que han declarado los ladrones y criminales empresarios al gobierno y al directorio revolucionario se podrán obtener?.

Porque no se trata de más salarios o beneficios para sobrellevar la esclavitud, se trata es de crear, en medio de las dificultades que presenta la batalla, los mecanismos que en definitiva hagan desaparecer las condiciones materiales que hacen posible nuestra esclavitud. Pero la lucha que nos proponen los dueños de los gremios es para remachar el sometimiento por medio del hambre, el miedo y la ignorancia, que al final es una política beneficiosa para los dueños y los líderes que dirigen a los gremios en donde nos agrupan como potreros o galpones de gallinas.

En revolución tenemos la posibilidad de convertirnos en un país con decisiones propias

Ahora se quiere pedir al país todo para cada gremio, para cada líder, construyendo una ética de la acción política que destruye la posibilidad de que la clase pueda, en tiempo de revolución, generar su propia política, cuando los gremios o los gremialistas emplean la extorsión como forma de interactuar políticamente. Desmovilizan, desaniman y dividen a la clase, es su característica primordial, contribuyendo -queriendo o sin querer- con su acción al triunfo de la política de los dueños del planeta, que no es otra que la de mantener explotada a la clase, mientras fortalece el divide y vencerás como principio, estén donde estén. En tiempo de revolución esa política es hondamente contraria a los intereses de la clase que debe mantenerse activamente en ofensiva.

Sobre todo en esta revolución que no es cualquiera, sino la revolución en donde ya el capitalismo cubrió a todo el planeta, en donde ya no tiene frontera, en donde se repite, en donde no tiene recursos para rehabilitarse, pero sobre todo en donde éticamente no puede sostener los principios de la explotación, porque todos los esclavos descubrimos que no es trabajando como la gente se hace dueña sino robando, y todos en mayor o menor medida estamos en esa. Por eso mal puede una clase seguir buscando ayuda o afiliarse a los discursos del regalo o del “que me den”, o el de robar, porque todos lo hacemos. En una revolución debemos empinarnos, ser los seres históricos que demanda el momento, y los gremios allí no tienen nada que hacer como no sea el desmovilizarnos, el entregarnos a los dueños, el ser partícipes inconscientes de nuestra destrucción.

A los dueños de los gremios no se les ocurre pensar el territorio-mina que hemos sido, y que hoy en medio de una revolución tenemos la posibilidad de convertirnos en un país con decisiones propias, un país donde no existan los dueños ni los esclavos, un país que no sea visto para el saqueo. Un país que, para concebirlo, necesitamos ampliar el horizonte de mira y entender que éste no es posible sin el concurso de todos los países del planeta, porque a todo el planeta lo habita el capitalismo y esa tarea no se puede hacer sino abandonando las pequeñas parcelas egoístas e individualistas del gremialismo, para sumarnos como seres pensantes a lo que juntamente se debe crear.

El gremialismo en tiempos de revolución es una traba, siempre está desvinculado o contrario a políticas unificadoras. Siempre es parcelario, grupalista, divisionista, y lo único que le interesa es su miserable parcela.

Las organizaciones de gremio en revolución son absolutamente reaccionarias, no tienen otra definición, van contra toda posibilidad de cambiar, siempre reclamando vainas que serán arrasadas por el tiempo de la revolución. Las organizaciones gremiales en tiempo de revolución proliferan como las iglesias y las ONGs, son financiadas y promocionadas por los dueños de las grandes empresas, producen grandes divisiones, retrasando el trabajo del directorio revolucionario, se disfrazan de más revolucionarios que los demás pero su única batalla es contra el gobierno que no les cumple sus “derechos” que son sus necesidades, que de paso son infinitas sustentadas en el consumismo compulsivo que impone la sociedad en decadencia, remachando con esta política el trapo rojo del Estado como si éste fuera el causante y no la consecuencia de la tragedia que significa el humanismo para el planeta.

No invirtamos como clase más esfuerzos en la división

En función de esos particulares y egoístas intereses, si tienen que pactar con las transnacionales lo hace afiliándose a diseños políticos absolutamente contrarios a los intereses de la clase para lograr que le den sus supuestos derechos, desconociendo y en muchos casos escondiendo la verdad de que en el capitalismo el derecho no existe, es una ilusión que vende el humanismo para evitar que los proletarios nos percatemos de la situación de explotados, y no podamos crear ni diseñar políticas que nos organicen para salir de la condición de explotados.

En la mayoría de los casos, todas las ONGs y otras organizaciones gremiales en la actualidad están dirigidas por la clase media, prestándole un gran servicio a los intereses de los dueños. En sus diseños políticos piden derechos generales, por ejemplo, derechos para todas las mujeres, los negros, los indios, los sexodiversos y se olvidan de que hay mujeres, negros, sexodiversos, indios, administrando empresas de su propiedad, robándole la energía por igual a los que los gremios dicen defender, incluso en los países imperiales (Obama, Tatcher, por nombrar sólo a dos) que de paso han aplicado políticas aún más duras en contra de los pobres en el mundo sin importar su condición gremial de género o color de piel.

No invirtamos como clase más esfuerzos en la división, juntémonos con un solo propósito, vamos al encuentro de los juntos, separémonos de todo gremialismo y pensemos el diseño de la otra política para poder dejar de ser el objetivo de la violencia explotadora, para saber que son los dueños quienes nos escoñetan y no el Estado, para saber que la política proletaria es posible, pensarla, diseñarla, organizarla, planearla, aplicarla en revolución, en esta revolución del siglo 21.

El gremialismo consciente o inconscientemente en tiempo de revolución trabaja a favor de los intereses de los dueños, no importa qué tan bello disfracen el discurso, sean ecologistas, salvadores de semillas, protectores de negros, cuidadores de indígenas, arrulladores de perros, guardianes de indigentes, guachimanes de estrellas, salvadores de religiones, piedras y tótems; todos absolutamente todos están al servicio de los dueños, sépanlo o no, son sus filiales, y no hay gremio de estos que no tengan sus casas matrices donde se reúnen, en donde les diseñan sus planes, y no lo decimos nosotros, no es precisamente en los barrios en donde queda la sede de la organización internacional del trabajo, o la de los ecologistas, o defensores de cualquier vaina o gente o perro o río o estrella, todas las sedes quedan allá en donde habita el poder del capital.

Comprender la actual revolución no es sólo mirar el espejo o mirarse en el espejo, o criticar al del espejo o al que está frente al espejo, como citó el presidente Maduro, sino ver, oler, sentir, tocar, escuchar, saborear a estos y a los que están, detrás, arriba, abajo, a los lados de los espejos, los rotos, los sin romper y los por construir. Esta revolución es algo más que una tormenta.

MISIÓN VERDAD

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