Pero también es cierto que por las mismas razones se dificulta darle rostro, precisarla en toda su dimensión y profundidad, sacarle los entresijos, desentrañarla y separarla del hecho político sobre el cual se imponen las acciones no convencionales de la guerra actual.

Aquella frase de Baudelaire de que el mejor truco del diablo fue hacernos creer que no existe cuadra al pelo a la hora de pretender describir –en términos, digamos, civiles, de consumidor de noticias– los procesos y mecánicas de un tipo de guerra que se ha desarrollado, sobre todo a partir del auge y triunfo del mundo unipolar de los 90. Se trata de ir en contra del principio de “negación plausible” con el que la CIA “ni confirma ni niega” tal hecho, relegando la verdad a una sombra espesa.

Los dispositivos y los recursos que se emplearon en la fractura total de Yugoslavia a lo largo de los 90 ha evolucionado a los estadios que vemos en la actualidad, pero no ha dejado de tener en esencia el mismo fondo y el mismo marco. Lo que tampoco permite afirmar que así se manifiesten patrones que se repitan, en todas las circunstancias y contextos sociopolíticos operan bajo las mismas exactas características.

Por el contrario, obedece al fondo histórico, territorial y específico donde se emplean, y si bien preservan una estructura esencial, sus propios manuales se adaptan contemplando variables en torno a las posibilidades y las condiciones.

La guerra que vivimos

  • es no-convencional en tanto que obedece a una estrategia progresiva que busca valerse en primer lugar de los elementos internos que componen al objetivo, como nuestro país, para volcarlo contra sí mismo y sus autoridades legítimas, socavando toda base de legitimidad, acentuando sus contradicciones en lo discursivo, lo económico y lo operativo, cercenando el vínculo afectivo entre el pueblo y el gobierno, empleando tácticas de sabotaje, mientras que se prepara psicológicamente a la sociedad para una rebelión, se entrena a una vanguardia política (“la resistencia”) y se arma una estructura de gobierno que eventualmente asumirá las funciones, una vez se logre subvertir al gobierno legítimo.
  • es multidimensional porque abarca múltiples áreas y sectores en sus dimensiones económicas, financieras, de consumo, simbólicas, culturales, comunicacionales y el mundo de las armas;
  • es asimétrica en tanto que más que el choque de fuerzas frontales, se mueve a partir de aproximaciones indirectas hacia sus objetivos, emplea recursos formalmente no-bélicos y apela al principio de superioridad y ventaja en su despliegue, como la actual guerra del petróleo, o las guerras financieras;
  • es económica en tanto que se trata de uno de los frentes privilegiados para adulterar todo el régimen de vida que rige a una sociedad;
  • es cultural en tanto que también agrede a la población (o a un sector de la misma) en los modos de representar, de socavar el amor propio en cuanto a los valores culturales, de fracturar un relato de nación específico y ejercer un derecho a la historia; es cultural en tanto a que necesita minar toda la solidez de la identidad nacional y su herencia histórico-espiritual;
  • es irregular en tanto que no existe un marco formal o legal pre-establecido (la legislación, códigos y convenios en torno a la guerra dejan de existir), la activan y ejercen actores no-estatales y no Estados-naciones propiamente;
  • es híbrida en tanto que combina múltiples recursos y todos los elementos que sean necesarios dentro del espectro social, como la creación, por ejemplo, de movimientos sociales adiestrados y de origen no-orgánico como los comodines de los “movimientos estudiantiles”, las estructuras sindicales, ONGs o partidos políticos moldeados a imagen y semejanza de sus creadores, el constante asedio mediático y la acentuación de condiciones adversas en lo económico que se reflejan en el cotidiano;
  • es líquida porque privilegia la “fluidez” y la interconexión de todos los campos de acción, porque necesita borrar todo límite que lo diferencie de un hecho que se pueda aceptar como cotidiano o extraordinario, llevado a cabo por un enemigo que precisa no delimitar su territorio, no dar su cara, no ser nombrado e identificado, se descentraliza, busca no ser contenido para no ser derrotado;
  • es sistémica en tanto a que es dentro de la mecánica del capital, el único sistema global, el que se está agotando dentro de sus propios límites materiales y la élite se mata por quién prevalecerá, mientras por múltiples vías se termina de clasificar y despachar a la población de acuerdo a su capacidad de mano de obra neta o su necesidad de eliminación por no representar fuerza de trabajo, en un mundo de recursos agotados.

“Toda guerra contiene a todas las anteriores” decía Elías Canetti. Y eso se ve mejor ahora que vemos llegar al llegadero de la humanidad a pasos acelerados.

Fabrican crisis ampliando problemáticas sociales preexistentes y aceleran los rasgos disruptivos de la violencia

Alepo y el ejemplo

Visto así, se entiende ahora que antes de que estas guerras entren definitivamente en su fase abiertamente armada, militar, las naciones que padecen estos procesos sufren en primer lugar un sinnúmero de agresiones que debilitan al tejido social, que reducen y desmoralizan al espíritu, que atomiza y fractura lo colectivo, que deteriora la vida en su conjunto y que acentúa las miserias estructurales producto de una suma acumulada de shocks y debacle económica, donde todo se degrade por los impactos.

Tales son todos los casos. Irak sufrió una primera guerra y luego décadas de embargo económico antes de que se activara la agenda neocon el 11 de septiembre, fuese de nuevo invadida en 2003 y la nación siga sufriendo una década más de horrores.

El acelerado deterioro de las condiciones en Siria antes de que se desplegara con todo la guerra transnacional requirió de un proceso de infiltración de agitadores y efectivos con preparación militar que establecieran células encargadas de ambas tareas, realizar trabajos de inteligencia en las zonas donde se establecían mientras se acentuaban huelgas y “movilizaciones”, luego comenzaron los secuestros y desapariciones de dirigentes y figuras adversas a la posible “resistencia” y al momento de iniciarse la fase armada en toda la nación, activarlas. Así se invadió Alepo. En ese proceso murió, según dicen, Haji Bakr, el arquitecto de la estructura del Estado Islámico.

Alepo, la ciudad más grande y principal polo comercial de la nación siria, de hecho, era mayoritariamente pro-gobierno. La ciudad fue invadida, recuerdan los investigadores serios. Los medios se encargaron de contarlo como si hubiera sido un proceso de “liberación”.

En este pequeño acopio se describe con toda claridad un proceso de guerra no convencional que llega hasta su fase superior: la guerra a gran escala.

Pero antes de eso, se fue fabricando la crisis, apoyándose e hipertrofiando la problemática social pre-existente y acelerando los rasgos disruptivos de la violencia, cada vez mejor armada.

La otra guerra

Pero, de nuevo, esto no es producto del azar y sí de una muy calculada dirección. Aquí cobran total validez los aspectos territoriales: en lo energético, en lo que contenga de materias primas, en su valor como punto de tránsito de energía y/o mercancía, en su posición geoestratégica, en lo bio-regional, en los precedentes políticos que cuestionen y efectivamente representen una alternativa frente al modelo occidental, todo de acuerdo a la lógica actual del desplace del (turbo)capitalismo en curso, que se reduce a la brutal custodia de las riquezas, la preservación de los cada vez más deformes privilegios y el prevalecimiento como rector global sin ninguna institución que medie entre el poder y la gente, sin una serie de instituciones que de haber sido factores de acumulación (como el Estado) ahora se convierten en obstáculos.

Buen dato para recordar ahora que salió el informe Oxfam concluyendo que el 1% ya tiene tanto como el restante 99. Y que, en absoluta relación proporcional a eso, este año habrá más de 60 millones de desplazados por la guerra. A lo que se le deberían sumar los desplazados por ecocidios y desastres climáticos. A los que también podríamos sumarle (¿cuántos millones irían ya?) los precarizados urbanos, a las víctimas del austericidio y la indigencia, a todo el cuarto mundo en su conjunto.

¿Cuántas personas sin derecho alguno siquiera a la subsistencia?

Y esa, que pareciera ser la suma de las guerras, no sólo ha permeado todo, sino que pretende acelerarse. Y la guerra lo acelera todo. Y tiene su método.

Y fue pensada. La corporación RAND, uno de los think-tanks más cercanos a los grupos neoconservadores del gobierno y el Pentágono, la bautiza como la guerra larga.

MISIÓN VERDAD
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