Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación: una es con la espada, la otra con la deuda.

John Adams, 2º Presidente de EEUU

Breve reseña general

Es así como la deuda privada contraída por la mafiosa casta de empresarios locales (sea venezolana, argentina, brasileña o generalmente latinoamericana) con bancos internacionales y grandes consorcios transnacionales, se transformó desde mediados del siglo XX en el mecanismo predilecto por lo sofisticado para el saqueo extensivo de los países de la región.

La piratería, el contrabando y la excesiva concentración de la tierra de siglos anteriores habían evolucionado definitivamente hacia formatos de robo mucho más estilizados. Serían las finanzas y los accesorios del mundo corporativo occidental (acciones, bonos, mercados bursátiles, tratados de libre comercio, etc.) quienes pondrían la alfombra roja para que este proceso de estafa masiva arropara todos los rincones del planeta.

El capitalismo global sufrió su última gran mutación durante esos años y la región no escapó de esa onda expansiva.

Incluso la llamada “globalización de Latinoamérica” tiene en la generación de endeudamiento privado internacional su explicación más contundente: la definitiva entrada de la región en el mercado financiero y económico internacional fue cobrada con anticipo y con altísimos intereses por los grandes poderes económicos. La “inversión” de la burguesía parasitaria y de los bancos internacionales estaba asegurada, puesto que si la situación se les iban de las manos por la razón que fuera ahí estaría el Estado, la renta generada por sus recursos estratégicos, sus empresas y la fuerza de trabajo de la población para pagar la factura con propina incluida.

En la siguiente tabla (tomada del estudio de Eric Toussaint: América Latina y el Caribe: salir del impase de la deuda y el ajuste) se puede constatar que el endeudamiento externo llegó a 789 mil millones de dólares para el año 2001 en Latinoamérica, un 2,324% más que en el año 1970. Resalta el caso de Venezuela en 1980, que por obra y gracia de los negocios en el extranjero de la burguesía criolla, ya ostentaba una deuda externa (en su mayoría deuda privada reconocida como pública) de 29 mil millones de dólares, muy superior al nivel de las reservas internacionales que no llegaban para aquel entonces a los 11 mil millones de dólares. Los crecientes intereses que cobraban los bancos internacionales permitieron que el nivel de la deuda privada reconocida por los Estados latinoamericanos aumentara desproporcionadamente, lo cual se tradujo en una enorme transferencia de recursos hacia el extranjero que sólo benefició a los factores nacionales e internacionales de esa deuda.

La deuda privada: una forma más de parasitismo

Cuando se da la crisis de la deuda latinoamericana en la década de los 80, fueron los bancos centrales de los países y no las cuentas en el extranjero del empresario local quienes pagaron los costos de esa deuda contraída por ellos. El Estado venezolano dirigido por la burguesía criolla en alianza con el capital transnacional, en medio de esa coyuntura, se afilió en lo inmediato al plan del FMI y el Banco Mundial (el Plan Brady) para hacer supuestamente más potable el pago de esa deuda, lo que permitió desplegar aceleradamente bajo ese chantaje aceptado entre brindis y sonrisas por Fedecámaras el extendido ciclo de privatizaciones y el desmantelamiento del Estado que planteaba el Consenso de Washington en la década de los 80 y 90. Maniobra geopolítica que se tradujo en el detonante de la rebelión popular de 1989.

Jaime Lusinchi en 1985 socorrió a los empresarios venezolanos sacando de las reservas internacionales 5 mil millones de dólares para pagar un anticipo a los bancos internacionales por esta deuda privada. Sacó otros 4 mil millones de dólares para promover la “inversión extranjera” y así promover la creación de más deuda privada. Y otros 50 mil millones de bolívares para que la burguesía parasitaria y las corporaciones transnacionales pudieran acumular mayor capital en medio de un proceso inflacionario ocasionado por su propia dinámica de endeudamiento externo.

De aquí en adelante, tanto en Venezuela como en todos los países de Latinoamérica, se planteó como algo natural que los Estados debían pagar con fondos públicos la deuda generada por la clase empresarial con bancos internacionales o corporaciones transnacionales. Jaime Lusinchi fue maestro y mentor en la legitimación política de este principio.

La deuda de la burguesía parasitaria en cifras

Según cifras actualizadas del Banco Central de Venezuela, la deuda externa privada contraída por decisión y responsabilidad exclusiva del empresariado venezolano en el extranjero se ubica hoy en 18 mil 665 millones de dólares, de los cuales 13 mil 113 millones de dólares son por créditos comerciales emitidos por bancos internacionales, cifra oficial que desmiente lo que Lorenzo Mendoza y el presidente de Conindustria, Juan Pablo Olalquiaga, dicen sobre la relación de esa deuda (que nadie les ordenó en adquirir) con los fantasmagóricos y opacos “proveedores internacionales”.

Pero como desde Jaime Lusinchi, Fedecámaras piensa que el Estado está obligado a pagar su mafiosa acumulación de capital vía créditos comerciales recibidos desde el extranjero, su deuda ha aumentado en casi 5 mil millones de dólares en los últimos años, al pasar de 13 mil 702 millones de dólares a los 18 mil 665 millones de dólares comentados con anterioridad.

Ya en el año 1999, apenas el Comandante Chávez estaba tomando el poder del Estado, Fedecámaras había llevado su deuda externa a 11 mil 553 dólares, mil millones de dólares más que en 1997 cuando se ubicada en 10 mil 205 millones de dólares.

La evidente necesidad de apoderarse del Banco Central de Venezuela y de las empresas públicas del Estado venezolano para pagarse y darse el vuelto con sus prestamistas sin arriesgar su capital depositado en el extranjero, que según la profesora Pascualina Curcio se ubican en más de 30 mil millones de dólares, queda demostrada en el artículo 10 de la Ley de Producción Nacional presentada por la MUD, donde se obliga prácticamente al Estado venezolano (vía Cencoex) a liquidar las divisas que pida Fedecámaras para el pago parcial de su deuda bajo un “Plan de Refinanciamiento de las deudas contraídas con proveedores internacionales”.

No sólo no invierten en el país, también le exigen al Estado venezolano que le pague su deuda contraída con bancos extranjeros. Y estos son los “empresarios honestos”, “transparentes”, “eficientes” y supuestamente comprometidos con el país que los medios nacionales promueven como la única salida a “la crisis”, no por casualidad son los mismos que han caotizado sistemáticamente la economía del país. Sigan creyendo que se volverán creyones.

MISIÓN VERDAD

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