Lolo, esta vez debes usar los lentes para que silabees bien esta carta, y la leas bien, con aumento, en alta o baja voz, porque ni el amor que nos tuvimos, ni las panquecas con miel y curruchete trujillano que tanto te gustaban; ni los boleros de Felipe Pirela acompasados con champagne que bailamos, ni los polvos que nos cargamos en Curazao y en Mónaco, que siempre recuerdas como “los más fenomenales” cuando te emborrachas en las parrillas que hacías en la casa de la Vieja con tus compañeros de partido; ni ella (ella, menos), ni nada ni nadie podrán despejar este sentimiento de odio que he comenzado a sentir por ti; malquerencia que hago extensible a la madre que te parió, porque como bien sabes, ella es más ladrona que yo (“la ideal”, “la clásica”, como tú la llamas a la hora del té, de su habilidad para arrebatarme las colosales licitaciones en mi cara, seduciendo a funcionarios que fungen de contralores, falsificando firmas, con o sin empresas de maletín). Ya no lo resisto. Y a ella menos. No la quiero ver ni en pintura. Creo que he comenzado no sólo a odiarte, sino que, y te lo voy a confesar: cuídate, porque a mí no me vas a joder con una migaja de la torta que tu Madre se lleva para echonearse con la gentuza esa de la MUD o de AD. No. A mí no me vas a echar por tierra mis sueños de vivir, y me importa un carajo si Dios existe o no, a quien tanto te gusta encomendarte cuando hay peligro, ya que si me jodes te mato, y aunque, cierto es, traté de parecerme a eso que tú dices que es “mi mejor imagen”, ya no soy ni esa ni tampoco la que hasta hace poco creía que era.

Soy mala, sabes, y ahora más, que me has traicionado, que no me paras bolas, que te dejaste embaucar por el indio ese que se disfraza con plumaje y guayuco, ¿Liborio es que se llama?, tan poco serio, que ni siquiera contesta el celular y se salió de la “agenda”, como tú, que ahora vives dizque “conspirando con la loca esa de Ramos Allup, bebiendo Etiqueta Negra y por él me diste la espalda en este Despacho donde me ponen a organizar vainas contra Obama. No te extrañe, Lolo, que el día en que aparezca en una foto vestida con una franela roja y la estampa de Maduro en las tetas en Últimas Noticias o en esa paginucha llamada Misión Verdad, ese día, Lolo, ese mismo día, me vuelva loca y diga toda la verdad sobre nuestras andanzas y la de los abogados, así vaya presa o la vida se vuelva metafísica, dispersa, traicionera, y ese sueño absurdo tuyo de morirte de viejo en Ginebra llegue hasta eso, hasta un sueño lagañoso, porque ese día, conmigo, o te vas para la tumba o para el calabozo.

¿”Llorarán los caballos de Patroclo cuando sientan caer a su amo”, no es así que declamabas después de redactar los decretos para los diputados de la AN en el bufete de los viejos leguleyos que, por cierto, ya los pilló Elías Jaua, todos embriagados y soñando con la Ley de Amnistía? ¿La Ilíada, la Odisea, la no sé qué coño, como es que sentenciabas al final de la cita?

Tienes una semana laborable de plazo para pensar y decidir

Pues bien, ese día me declararé desheredada y cantaré todo: encenderé el ventilador y hasta tus negocios con la banda de los mineros del oro, tus socios, las marramuncias con De Grazia y sobre todo con ese a quien tanto admiras y jalas bolas porque te saca artículos en su periódico con seudónimo; todos saldrán disparados como meteoritos. Allá Luisa Ortega, el Sebin, el Gobierno, si los deja ir por aire, por tierra o por mar o cuando termine la guerra.

Claro, todo este pronóstico cambiaría si reconoces que, primero, tu madre es una desgraciada conmigo y, segundo, si llegamos a un arreglo.

Te ruego no te pongas hercúleo conmigo, Lolo: admítelo. No sabías que yo tenía dobles intenciones. Tú eres de los que piensan que el “enemigo interno” es un simple asalariado que puede escabullirse entre el colectivo y conformarse con un solomo de cuerito, un apartamentico en Sabana Grande, o en El Rosal, por donde camina Chataing, o caminaba, con la flaca aquella, actriz, que lo dejó por idiota, por hacer tanta mueca y por andar de payaso con Orlando Urdaneta el día del golpe de Estado. Conmigo te equivocaste. Y tu Madre también. Yo me hice la pendeja contigo, que te la echas de intelectual, por eso te tengo una cita tuya típica cuando te volvías mimético chavista y dices, citando a un tal Camus (que lo pronuncias Camís, en francés, ¿no?). La tengo copiada en un papelito, en una receta médica: “En períodos de revolución siempre son los mejores los que mueren. La ley del sacrificio deja la última palabra a los cobardes y a los prudentes, puesto que los otros le han perdido al dar lo mejor de sí mismo. Hablar supone siempre haber traicionado”.

Seguro la debes repetir cuando te reúnes con tus amigos del Gobierno, esos que sobornas. Estoy convencida, por algo fuiste del MAS de Teodoro y, según tú, hasta estuviste preso unos meses en el San Carlos.

En fin, Lolo, no te quiero dar más detalles. Tú sabrás qué hacer si tu voluntad es llegar a un arreglo conmigo. Incluso, no es necesario vernos para eso. Tú sabes a quién acudir. Estoy harta de chavistas en este Ministerio como para tener que volver a verte, traidor, lameculo, que jamás valoraste mi abnegación en este negocio y vives ahora chateando con la gente de la Polar procurando otro negocio donde, yo, por supuesto, estoy fuera, tu madre no.

Yo seguiré aquí en este Ministerio viendo los toros desde la barrera. O desde la barra del bar donde iba con el hombre del maletín.

Tienes una semana laborable de plazo para pensar y decidir.

¡Mosca, pues!

MISIÓN VERDAD

Anuncios