Los viejos intereses egoístas de todo signo, intentan destruir sin haber nacido la maravillosa idea del Congreso de la Patria. Al igual que otras iniciativas de creación revolucionaria, como los Círculos Bolivarianos y aquellas UBCHs del referendo.

Estos seres de ambiciones pedestres, ávidos de aplausos y lisonjas, agrupados en partidos, gremios, grupitos, colectivos, en profesiones, que compiten por ver quién imita mejor los métodos capitalistas de la división, buscando quedarse con todo en nombre de la unión, con tapizados discursos revolucionarios; incapaces o castrados cerebrales para la creación. Si no les pagan chantajean al gobierno en nombre de la libertad y la igualdad de género y de sexo y de piel y de religión y de profesión, de marxismo; con que se nos oculta la real necesidad de pensar y diseñar formas y métodos que nos permitan crear no creer.

Prevalidos de que un día le pasaron el jabón y el paño mientras el Comandante se bañaba, o de que los nombró como el poeta tal o el músico cual o el político, o la mujer maravilla, o la estrella sindical del momento, o aquellos que se colearon en la guerrilla de los sesenta, que dispararon unas escopetas o unos rifles de aire en el Jardín Botánico.

Estos necios de panfletos y clichés, desechados por la vieja historia, con sus viejos métodos organizacionales, con sus gastadas maniobras, con sus discursos añejos, aliñados con frases tecnocráticas, sociológicas, aprendidas en las viejas concepciones universitarias, maquilladas con modernas teorías humanistas embrolladoras, y los manuales de una izquierda que murió con el eurocomunismo, su ultimo aliciente ideológico; se creen con el derecho divino de decidir en su ignorancia, hacia donde debe marchar la revolución.

Gente que no logra entender, que el Congreso de la Patria, debe intentar ser el más allá teórico. Que no se trata de convocar a individuos para una vez más repartirse la torta del poder. De cambiar unos ineptos, unos hábiles, unos pico e zinc por otros; que no se trata de entregarle el país a gremios, partidos, colectivos, grupitos, para que sustituyan a otros. Que el Congreso de la Patria no es para mejorar a las organizaciones gremiales, partidarias, grupales o colectivas, porque esta gente (y sus organizaciones) no está dispuesta a vivir por un país al que hay que soñar como el cobijo de toda la gente.

Esta gente no puede entender que el Congreso de la Patria debe superar las viejas conversas divisionistas de la derecha y la izquierda que tanto daño nos han hecho como pueblo. Que el Congreso de la Patria debe ser el juntador de todas las voluntades que entienden que no buscamos ser dueños del país, sino de que somos sus hojas, su fruto, su raíz, su tallo, su porque existir. De que un pueblo en medio de una revolución se debe obligar obstinadamente a crear, a diseñar, a poner la discusión en la calle, para construir juntos la otra cultura.

Trabajando no se hace plata

El pensamiento generalizado en la juventud es “trabajando no se hace plata” chamos trabajadores, emprendedores; que trabajan con entusiasmo, pero que no quieren trabajar, porque saben que trabajando nadie se hace rico; por eso vemos a millones de jóvenes en la jugada, irse a la vía ilegal de la obtención del dinero y eso desde el punto de vista ético a los muchachos no les importa. No hay resortes éticos, saben que el banquero, el general, el profesor, el empresario, sus ejemplos vivos y triunfantes son ladrones de la peor especie y son los respetados en la sociedad. No hay ley que los someta a la cárcel, que les quite lo robado, que literalmente los deje en la calle.

Para muestra un botón; los empresarios se mantienen en una huelga general, tienen tres años robando descaradamente a todo un pueblo, ganan ingentes masas de dinero sin ninguna inversión o riesgo, y no hay quien les quite el mal habido bien, no hay aparato de propaganda que les someta al escarnio público a estas familias burguesas que roban y permanecen unidos.
Lo interesante es como rápidamente aprendimos a robarnos unos  a otros.

Entonces, no es verdad que podemos constituir a unos jóvenes para que suplanten al partido, para que sean los cuadros, para que generen una vanguardia, porque la realidad lo único que les ofrece es ser empresarios, todo lo contrario de ser comuneros. El modo de vida gringo es lo que prevalece y pretendemos contrarrestarlo inculcando valores del romanticismo burgués, valores absolutamente anticuados, que no pueden competir con la televisión, el cine, internet, en fin, con todo el aparato de transmisión ideológica del humanismo. El Congreso de la Patria debe ser para conversar y buscarle solución a problemas, sin esconder sus causas y consecuencias reales.

Las pestañas nada tienen que ver con las uñas

Los cerebros de generaciones enteras han sido minados y pareciera natural el modo de vida humanista. A nadie le parece vinculante las guerras, las hambrunas, la creación de desiertos, el destrozo de humedales, sabanas, llanuras, la migración forzada de mano de obra de una región a otra, la contaminación, la subida de los precios del petróleo, las invasiones, las construcciones delirantes de ejércitos mercenarios. Un ejemplo claro es Al Nusra o el llamado Estado Islámico y otros vertederos de basura viva en todo el mundo capitalista, que obedecen a las grandes transnacionales o corporaciones que gobiernan a su antojo al mundo.

A nadie le parece que la elaboración del Iphone con el que chateamos, enviamos fotos chistes o vemos pornografía, es una decisión política, sino que creemos es un devenir natural de las cosas, como nadie se puede explicar que son esas circunstancias, esas decisiones políticas, lo que explica con claridad que tanto los jóvenes del barrio, el campo o las urbanizaciones; apenas se gradúan de bachiller ya quieren irse del terruño aunque sea al de al lado, porque según los desprevenidos, las pestañas nada tienen que ver con las uñas del dedo gordo del pie.

Crear conocimiento y sembrar la yuca en colectivo

El Congreso de la Patria debe reunir a miles de mecánicos, herreros, carpinteros, sembradores, pescadores, (gente que por la misma pobreza hemos tenido que generar creatividad, vueltos ingeniosos) para conversar y construir entre todos un país. El Congreso de la Patria no puede repetir el concepto de buscarnos para darnos la limosna, porque eso nos enmiseria, nos envilece, El Congreso de la Patria debe reunirnos para discutirnos, para entusiasmarnos; de otra manera la batalla la ganará el capitalismo que en ese campo sabe muy bien vender ilusiones y milagros; El Congreso de la Patria debe generar las luces suficientes, que hagan posible crear los hilos para tejer la red de la participación protagónica y cuestionar hasta su desaparición la democracia representativa de los dueños.

El Congreso de la Patria no debe devolvernos al redil de los votantes por agradecimiento, por miedo, debe superar las taras de la vieja política demagógica que nos mantuvo agradeciendo la esclavitud como una virtud. El Congreso de la Patria debe concentrar esfuerzos en crear conocimiento, porque sólo un conocimiento podrá sustituir a otro conocimiento. ¿Podemos partir de cero? No, el país tiene un acumulado de ingenio que tiene que ser valorado.

Humanamente comiendo y cagándose en el mundo

Lo maravilloso de estar en una revolución no es que podamos tener un carro, estudiar, tener una casa y todos los abalorios y placeres del humanismo, porque al final, de no cambiar nos vencerá la costumbre. Si en el Congreso de la Patria lográramos entender eso, pudiéramos crear el otro conocimiento, que genere otra cultura, que sustituya al capitalismo, no que lo combata. Ahí tenemos el caso de Vietnam; venció a los chinos, japoneses, franceses y a los gringos y los terminó jodiendo la Coca-Cola y Mc Donalds. La ingeniosidad, el sacrificio, el desprendimiento y la solidaridad de los pueblos aplicada a lo militar, no tiene sentido si al final terminamos vencidos por quien ostenta el conocimiento.

El Congreso de la Patria debe valorar la opción de que la guerra sólo es posible ganarla si la asume el pueblo entero, eso Implicaría que tendríamos que sembrarnos, hacer de cada comuna cuarteles en todo el territorio que se autoabastezcan en alimento, calzado, vestido y lo estricto necesario, porque la guerra militarmente no la vamos a ganar nunca; así este choreto, destruido, vence el capitalismo, si seguimos aplicando la política de formar empresarios. No hay empresarios buenos ni malos, sólo hay empresarios, humanamente comiendo y cagándose el mundo.

A una generación la historia la convida una sola vez

El Congreso de la Patria, debe hablar fuera de mafias, grupos, gremios, partidos; tirarse a la calle para abrir la gran discusión, crear formas orgánicas frescas, en donde el discurso anquilosado cadavérico, no cope la escena, en donde el poder no se manifieste. Si el Congreso de la Patria no cuestiona plenamente el cadáver de la organización tradicional y su discurso; fracasará y con ello nos espera un largo periodo de incubación clandestina del otro pensamiento, en peores condiciones materiales. Veamos al Congreso de la Patria como la gran oportunidad creativa. El humanismo va aceleradamente en deterioro, la estrategia a largo plazo es crear otra cultura. No seamos temerosos, los costos son demasiado altos para nosotros los pobres, ¿Por qué no hablar de otra manera, por qué no ser audaces? los pobres no tenemos nada que perder, todo está por ganar, todo está por aprender.

Hace mucho tiempo la lógica indica una retirada ordenada para la acumulación de fuerzas. Hablando en términos estratégicos, irnos a la retaguardia. En estos años de duro batallar es mucho lo creado, lo aprendido, pero las nuevas circunstancias nos dicen que para las próximas batallas necesitamos balancear lo hecho para poder ganar la guerra definitivamente. Todo el mundo criticó a Bolívar por mandar a Sucre, su mejor oficial a la retaguardia antes de la batalla de Ayacucho; venían de varias batallas con cansancio, molestia, heridos, hambre, era un ejército con grados de desmoralización alta, había que curar, organizar, escuchar, porque un general debe conocer en esencia a su ejército y eso sólo es posible compartiendo, conociendo en profundidad las vicisitudes. Nosotros ganaremos esta guerra desde la retaguardia, cuando nos sembremos y nos hagamos árbol fuerte, roca dura, selva inexpugnable, lo desconocido para el enemigo aun en lo visible. Vamos a moralizarnos, ¿y cómo lo hacemos? pensando, diseñando, construyendo el futuro.

Somos casi seis millones de personas que podemos tomar la decisión de trabajar organizados, disciplinados en función de crear la otra cultura. Convirtámonos en la vanguardia de este pueblo, esa es la gran tarea por muchos años. Eso requiere de avidez, decisión histórica en la política, como pueblo debemos ser políticos con interés histórico, que la gente de mirada corta se burle diciendo: “Para que quiero la historia, que me aplaudan hoy, con ser demagogo basta”

Los pueblos necesitamos hacer política con terquedad histórica, porque los individuos mueren, tienen existencia finita, los pueblos no. Lo otro es mantener el espasmo, la rudimentaria y miserable política cotidiana que será tragada con millones de nosotros por la voracidad del huracán revolucionario y dentro de quinientos años la gente dirá: ¿Por qué fueron tan cobardes, por qué no tuvieron decisión, porque nos heredaron este futuro tan mezquino?.

En el Congreso de la Patria hay que crear una estrategia para largos años. Esta tragedia fue pensada y no la creo Chávez ni Maduro, ni Diosdado, esta tragedia la incubó quince mil años de poder. Pensar fuera de la tragedia para poder tener cabeza fresca, saber ¿Quién tiene el poder y como lo ejerce, a dónde vamos, qué queremos hacer, cómo lo queremos hacer y cuándo, contra quién o a favor de quién? Si nosotros tuviéramos conocimiento, ahorita hubiera una huelga general contra el capitalismo.

Honestamente, fuera del panfleto y el cliché que tanto daño nos causa, debemos preguntarnos ¿La clase está en condiciones de organización y de decisión política? porque la conciencia implica, decisión política, porque si no ¿para qué sirve ser una fuerza? Si algo es reaccionario en este momento son los que siguen pidiendo desde sus gremios cuando deberíamos estar al frente, en organización permanente, porque todos sabemos cómo se mueven los camiones, como el patrón bota, pudre, esconde, quema, la materia prima, la comida, los productos elaborados, como compra funcionarios y hacen la huelga en nuestra contra.

Los proletarios en este momento debemos saber la importancia de la fuerza que somos, no podemos prestarnos a ser cómplices de nuestro enemigo histórico. A una generación la historia la convida una sola vez.


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