Es en momentos álgidos de la política venezolana, desde hace 17 años a la fecha, que los medios de comunicación de alcance global sacan a relucir para qué fueron diseñados.

Basta recordar el golpe de Estado del año 2002 en Venezuela y el paro petrolero siguiente, cuando CNN y Fox News (entre otros) y sus antenas repetidoras en Venezuela (El Nacional, El Universal, etc.) desarrollaron una intensa campaña de deslegitimación internacional del liderazgo de Hugo Chávez y del chavismo como fuerza política naciente. El objetivo: darle soporte y blindaje, siempre en nombre de la “democracia” y la “sociedad civil”, al asalto violento del poder político en el país por parte de la casta empresarial representada por Fedecámaras.

La política exterior de Estados Unidos y del Reino de España, con el binomio Bush-Aznar a la cabeza, encontraron el terreno perceptivo preparado y a disposición para reconocer internacionalmente la asunción golpista de un multimillonario rentista en el poder, Pedro Carmona Estanga, nombrado “empresario perseguido” por la mediocracia global.

En la actualidad al igual que en aquellos días de abril permanece como eje discursivo y de propaganda en contra del país la supuesta “violación de los derechos humanos” y la “represión” a la sociedad civil, así como el ataque directo al liderazgo chavista, pero ahora con el peligroso aditivo del expediente internacional de la “crisis humanitaria” y del “Estado fallido”: dos pilares fundamentales de la propapaganda prointervención aplicados con severidad en Libia y Siria.

El objetivo sigue siendo la destrucción del liderazgo chavista

Pero después de la muerte del Comandante Chávez, la campaña por la destrucción del liderazgo chavista tendría otros medios corporativos en la primera línea de fuego y a otras figuras representantivas como objetivo prioritario.

Fue así como en mayo del año pasado el medio español ABC (que tiene dentro de sus grandes accionistas a los bancos privados BBVA y Santander) y The Wall Street Journal (propiedad de la corporación mediática News Corp) diseñaron un bodrio mediático de amplio alcance para posicionar a Diosdado Cabello como un agente del narcotráfico ante la opinión pública mundial. Fue la primera gran operación de propaganda en contra de figuras importantes del chavismo después de la muerte de Hugo Chávez, la cual constituye el hilo conductor para el resto de los ataques que han surgido durante los últimos meses.

En Misión Verdad escribimos sobre las inconsistencias de esta operación y sobre sus objetivos políticos.

Pero The Wall Street Journal es sólo un medio del gigantesco conglomerado de News Corp (propiedad del empresario Rupert Murdoch). A continuación el resto de aparatos de propaganda de alcance global que maneja semejante corporación, líder en el mundo por cantidad de medios y audiencias: sólida garantía para que el discurso antichavista y su réplica internacional como “Estado fallido” sea homologado mundialmente en un universo de medios que van desde canales de noticias, infantiles, deportivos y de farándula hasta estudios y productoras de cine en Hollywood.

El control mediático y psicológico sobre la audiencia mundial es casi absoluto, tanto así que medios y laboratorios de guerra sucia como La Patilla, El Nacional o El Estímulo, por mencionar los más resaltantes, tienen a estos medios como sus principales proveedores de contenidos y discursos para cartelizar la campaña a lo interno. Poco importa que se llamen “independientes” o defensores de la “libertad de expresión”, cuando su parrilla de informaciones viene dada por lo que expresan los dictadores de la comunicación global.

News Corp

Detrás de los medios de alcance global siempre hay un banco y/o un empresario

Antes de analizar las últimas publicaciones que componen en la actualidad la agresiva campaña global contra el país, es necesario precisar qué empresarios, bancos y corporaciones están detrás de los medios que más golpes de efecto a la opinión pública mundial y regional ejecutan.

  • The New York Times es propiedad del banco Black Rock y de grandes fondos de cobertura como State Street o Vanguard.
  • Los más grandes accionistas de El País, que a su vez forma parte del Grupo Prisa, son los bancos BNP Paribas, Bank of America y Deutsche Bank.
  • The Washington Post tiene como propietario a Jeff Bezos, dueño también de la corporación de compra/venta de mercancías y productos tecnológicos, Amazon.

Quienes nos atacan insistentemente no son un grupo de periodistas que realmente les preocupa la situación de Venezuela, sino los aparatos de propaganda de grandes empresarios, bancos y corporaciones financieras: los verdaderamente preocupados en que un cambio político en Venezuela, así sea por la vía de la intervención internacional, les registre los beneficios económicos que a lo largo de 17 años el chavismo les ha negado.

Ahora sí: el relato y el eje propagandístico de la campaña mediática mundial que se desarrolla en contra del país

Todos estos medios tocan tres puntos fundamentales del relato contra Venezuela: “Crisis humanitaria”, “Estado fallido”, “Intervención internacional”, como lo demuestran las publicaciones recientes más relevantes:

  • The New York Times apela en su editorial del 17 de mayo al discurso oenegero de la represión y la violación sistemática de los derechos humanos por parte de los cuerpos de seguridad del Estado, mientras recomienda seguir apuntando a la campaña de socavamiento chavismo adentro. Nicholas Casey, corresponsal del medio en Caracas y Latinoamérica, realizó un reportaje sobre el sistema hospitalario de Venezuela hace tres días, en el cual define la puesta en escena y las trágicas imágenes replicadas por todos los medios nacionales e internacionales sobre la “crisis humanitaria” y la necesidad de una “intervención humanitaria”. Es la postal que tanto necesitaban los lobbys y altos operadores de Estados Unidos y la Unión Europea para arreciar sus pronunciamientos y movimientos en contra del chavismo.
  • Dentro de los objetivos, el medio que fue más explícito fue The Washington Post, cuyo editorial del 13 de abril se dedicó a clamar por una intervención de organismos internacionales ante “la crisis” venezolana. Se parece igualito al relato que usaron los grandes consorcios que aparecen en las infografías para meter el dedo en la llaga en el cuadro del Estado forajido sirio, cuando en realidad ocurría una guerra entre grupos mercenarios aupados por vecinos de la petroligarquía wahabista y el Ejército Árabe Sirio.
  • ABC no sólo participó junto a The Wall Street Journal en la operación de satanización de Diosdado Cabello, su guerra cotidiana de la información contra Venezuela es una tarea que sus dueños y operadores toman a pecho. En la portada del diario, día 16 de mayo, vuelve a usar la imagen del presidente Maduro y convierte el relato de los derechos humanos ultrajados por el Estado en una novela rosa. No por ello el cuchillo deja de tener filo, puesto que incluyen declaraciones de Joe Biden como sustento esencial de la acusación.
  • El País español también hace lo propio, porque es un mantra del Grupo Prisa: el chavismo es malo y Maduro un vástago del diablo -ni hablar de Diosdado-, dicen en columnas, reportajes, notas editoriales y seden portadas, así como el resto del circo mediático español, del cual de Maduradas y La Patilla pabajo se hacen eco.
  • The Wall Street Journal lanza mínimo una nota a la semana en donde menciona a Venezuela. Su corresponsal Kejal Vyas hace la labor de desinformar sobre el racionamiento eléctrico y la compleja situación económica que atraviesa el país, colocándolas como una decisión tomada del presidente Nicolás Maduro (y por esa razón debe salir del poder por la vía de la fuerza) y no como el resultado de una situación objetiva ocasionada por la sequía y la baja de los precios del petróleo. Entre sus artículos más tóxicos, se encuentra aquel que escribiera en meses pasados sobre la desesperada “importación de billetes” por parte del Banco Central de Venezuela y el último sobre el Arco Minero, donde se encarga de encubrir la baja de El Topo como parte de la estrategia del Estado venezolano para controlar dicha zona estratégica para el país. Es decir, para Kejal Vyas y The Wall Street Journal el Estado no está luchando contra el paramilitarismo (que ellos mismos niegan y hasta llaman “hampa común”).

Los ejes discursivos de “crisis humanitaria” y “Estado fallido o forajido” son los más importantes a la hora global de hablar sobre Venezuela. La demonización del chavismo desde todos los frentes, mientras se dinamizan los demás escenarios de guerra, con especial énfasis en tirarle directamente a los cabecillas del chavismo como lo son Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, ubicándolos como responsables de la compleja situación que atraviesa el país.

Este intensiva campaña mediática en contra del país tiene varios objetivos que esperan ser consumados con celeridad: programar la opinión pública mundial en contra del chavismo en su conjunto como fuerza política, allanar el terreno perceptivo que justifique la generación de caos interno y la violencia declarativa de altos operadores de la política mundial e intentar moldear la política exterior de los gobiernos de la región para que se incluyan en esta ofensiva que busca, sobre todo, restarle capacidad de maniobra geopolítica e internacional al país.

La estrategia de “cerco y asfixia” no tiene sentido si su vanguardia no son los aparatos de propaganda de los poderes financieros más importantes del planeta.

Al final del día, el resultado de esta ofensiva mediática por la intervención en Venezuela tiene como resultado que cada vez que se coloca en un buscador de Google la palabra “chavismo”, “Nicolás Maduro” y “Diosdado Cabello”, o cada vez que alguien compra la prensa y prende la televisión para informarse de lo “que pasa” en el país, sea desde Estados Unidos, España, Europa o el resto de los países de la región, siempre exista una opinión tan negativa y criminal sobre el chavismo que termina convirtiéndose en una necesidad cualquier operación en su contra, por más salvaje y agresiva que sea.

Es ahí donde radica la dictadura de los medios de alcance global, amalgamada con ONGs y tanques de pensamiento (think-tank) financiados por los mismos bancos y corporaciones. Construir un discurso global en contra del chavismo y promover la intervención internacional en Venezuela como única vía para que el país salga de la crisis que generaron la misma casta empresarial del año 2002, ya es en sí mismo un acto de guerra.

Acto de guerra, que contrario al análisis convencional expresado por académicos y estafadores de la palabra, es capitaneada por actores privados que sólo responden a sus intereses económicos y empresariales y no a Estados o gobiernos, específicamente en el país con las mayores reservas de petróleo del mundo y con los más altos niveles de participación política de la población: Venezuela.

Bonus track

En las dos siguientes infografías podemos notar numerosas marcas y empresas de productos audiovisuales, seriales o películas, en pocas manos. Cada conglomerado de medios corporativos tiene acciones en las bolsas, juegan a la propaganda en contra de países soberanos y financian cantidades industriales de periódicos, revistas, radios y canales de televisión, incluso cableras. El control de los medios es total y sólo responde a unas pocas corporaciones. De ahí la gravedad de lo denunciado el día 17 de mayo por el presidente Nicolás Maduro.

Time Warner Cable

Tres oligarquías mediáticas

MISIÓN VERDAD

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