El mundo está hecho por asesinos. Acostúmbrate a verlos de frente.

The Hound a Sansa Stark, personajes de Game of Thrones

Poco se ha escrito con pulcra puntería sobre la teoría del caos como herramienta teórica para la estrategia militar, industria que domina un alto porcentaje del mercado invisible, tal vez porque los ingenieros del “caos creativo”, maleable, globalista, llámese Zbigniew Brzezinski o Gene Sharp, son lo suficientemente explícitos en cuanto a sus pretensiones, con cuánto aire supremacista en sus planteamientos. El Destino Manifiesto se posa al frente del escenario mundial, con su dinámica incorporada.

La destrucción edificante, aquel lugar de ruinas por donde se introduce la posibilidad, es una característica primaria de nuestros tiempos revolucionarios, y es promovida por el 1% en su esplendor contrarrevolucionario. En la misma senda, el escritor alemán W.G. Sebald la llamaba la “organización social de la desgracia”. Se reconoce el carácter planificativo de los países exprimidos hasta el sadismo financiero y ultraviolento de la guerra fáctica, panorama sólo posible debido a la inserción turbomercenaria de agentes no-estatales e incluso estatales, grupos con ciertos rasgos que no sería exagerado de calificarlos de fascistas.

Durante la década de 1970, el poeta y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini vislumbraba en Italia el surgimiento de un nuevo fascismo que se imponía a través de la propagación del monopolio y las neuronas ideológicamente importadas de la proyección propagandística. Y la distinción entre el viejo y el nuevo fascismo rompe con lo ideológico para convertirse en práctica cotidiana de la realidad capitalista. Dice: “Porque el viejo fascismo, aunque fuera a través de la degeneración retórica, distinguía: mientras que el nuevo fascismo -que es completamente distinto- no distingue más: no es humanísticamente retórico, es pragmático a la americana. Su fin es la reorganización y la homologación brutalmente totalitaria del mundo”.

No fue casualidad que las conclusiones de Pasolini se conjugaran con lo expresado por el justificador serial del pensamiento balcanizante, Samuel Huntington, cuya teoría de las civilizaciones daría una base teórica suficiente al supremacismo norteamericano para desbaratar el edifico democrático mundial. Disminuir la influencia de la población en el poder político fue la conclusión programática del informe La crisis de la democracia para la Comisión Trilateral, por lo que el proyecto neoliberal se globalizaría, dejando una estela de lluvia ácida social, las expresiones del “nuevo” fascismo que alterna las viejas tácticas con las nuevas tecnologías.

El nazismo: un modelo para armar

Nuevas formas de hacer la guerra se pensaron y pusieron en práctica, aunque los antecedentes más abyectos, pero en espíritu más preclaros debido a la ideología supremacista con que se apoyaba, podrían remontarse a las primeras expresiones del fascismo en Europa.

Durante la Italia de Mussolini se desarrollaron los primeros experimentos de venta de empresas estatales y privatización de monopolios, práctica que logró su apogeo durante el Tercer Reich. Incluso, para describir la economía nazi fue que se acuñó el término “privatización”, desde el principio aupada por los más importantes industriales como General Motors y Ford, pero sobre todo financiada por banqueros de la talla de Prescott Bush, abuelo de Mr. Danger.

El fascismo fue celebrado en sus principios por los antepasados libertarianos del neoliberalismo, como Ludwig von Mises, de la escuela austriaca de economía, cuando escribió en su obra Liberalismo en su tradición clásica (aquí en inglés): “No puede negarse que el fascismo y movimientos similares que pretenden el establecimiento de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha salvado, por el momento, a la civilización occidental. El mérito que el fascismo se ha ganado para sí vivirá eternamente en la historia”.

Así como la privatización, que añade pagos de intereses, dividendos, pagos de gestión, compra y venta de acciones, fusiones, adquisiciones, todo lo que un fondo de inversiones anhela, es una característica propia del fascismo desde sus inicios, en el plano militar se comporta de manera similar a la infección -invasión, destrucción y expansión- guiado por la ideología supremacista. La guerra ganada en 1945 por los bolcheviques y usufructuada por Estados Unidos sirvió para apaciguar por el momento las tormentas del nazismo. El velorio a medias se convirtió en un modelo para armar, una referencia cultural, y como cimiento de la ignorancia social una manera de ver el mundo sujeto a premisas sin sostén profundo, sin anclaje ni preeminencia raigal. Las ratlines, producidas por la Santa Sede y la CIA & company, fueron convertidas en un naziburdel con calidad de exportación, los inicios de Dr. Strangelove.

Dr. Strangelove

En su Discurso sobre el colonialismo, Aimé Césaire fustigaba al europeo blanco de ojos azules (las ventanas del alma colonial) por no reconocer el Hitler que “lo habita”. La nazificación de la cultura occidental era una enfermedad congénita, intrínseca e ineludible que el poeta de Martinica no pudo dejar de entrever: “Quiérase o no, al final del callejón sin salida de Europa, quiero decir de la Europa de Adenauer, de Schuman, de Bidault y de algunos otros, está Hitler. Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia filosófica, está Hitler”.

Como síntesis histórica, y en plena “crisis de refugiados” -mero eufemismo-, la renuncia a toda dignidad social se expresa en la política de la Unión Europea (proyecto de la CIA amasado por el mismo Konrad Adenauer, ex presidente alemán que menciona Césaire) y el ejército neonazi de reserva:

El diseño de la organización social de la desgracia

Sería Brzezinski quien planificara ideológicamente la reorganización totalitaria del mundo, tanto en los tiempos de Ronald Reagan como en los de Barack Obama, pero Steve Mann a principios de 1992 enfatizaría el caos como principal movida geopolítica para el cambio de paradigma estructural.

Dice Mann en su imprescindible informe: “Cada actor en los sistemas políticamente críticos crea energía de conflicto,… lo que provoca un cambio en el status quo participando así en la creación de una situación crítica… y cualquier curso de acción lleva el estado de cosas a una reorganización cataclísmica inevitable”.

Cuando se juntan el ángulo supremacista y el complejo industrial-militar agarrado de manos con los esquizofrénicos lobos de Wall Street y los poderosos lobbys del narconegocio, se expresa en agentes estatales y no-estatales que, sin tener como objetivo la balcanización mundial, sirven para la causa fascistas teorizada por Mann en situaciones de “caos controlado”.

Yijadistas (Hermanos Musulmanes, Talibán, Al-Qaeda, Daesh, Boko Haram) armados y entrenados, en parte y no sólo, por los petroligarcas wahabistas; Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía y alucinado sultán de la fantasía otomana; sionistas como el presidente israelí Benjamín Netanyahu y el megasicario financiero George Soros; neonazis del Movimiento Bandera que integran las milicias Svoboda y Pravy Sektor en Ucrania; narcoparamilitares al sádico estilo de las maras de El Salvador y los cárteles de México, alineados y en red con la parapolítica regional como los recién finados e hipermediatizados El Picure y El Topo en Venezuela.

¿Qué tienen que ver estas organizaciones e individuos, nítidas expresiones del fascismo, entre sí, y aun, con los neoconservadores estadounidenses?

Las armas que usan los agentes de la destrucción comparten similitudes puntuales con el fascismo de antaño, sobre todo con el terremoto comandado por Hitler, con la obvia salvedad de las distancias históricas: la limpieza étnica, el terror de la violencia, la ocupación de territorio soberano, la reingeniería social, la imposición de un estado constante de shock. Los actos ultraviolentos de movimientos supuestamente espontáneos que a menudo tienen carácter étnico o religioso han terminado en revoluciones de color (remember la Primavera Árabe) o se han mantenido como piezas importantes del ajedrez estratégico de la Guerra No Convencional contra países del eje de la resistencia.

Quienes pretenden azuzar el mundo, producto de la balcanización y la guerra como principio secular, son los neoconservadores estadounidenses, cuya letanía se basa en un “globofascismo” ampliamente pregonado, cuyos retratos más siniestros los ubicamos en la destrucción sistemática y otanista de Yugoslavia, en el surgimiento desde la década de 1980 del yijadismo ultraviolento de la mano de Brzezinski, en el Reich eslavo que desean cercar alrededor de Euroasia, o en el mismo Estado de Israel, acusado desde adentro de comportarse como la Alemania nazi. La risa bufona de Hillary Clinton luego de decir “We Came, We Saw, He Died” fue ensayada previamente tras bastidores de los think-tanks norteamericanos, tendencia neocon.

¿Pues no son las guerras humanitarias del Imperio, desatadas por la OTAN y limpiecitas como un sol por ONGs como Amnistía Internacional y los medios de Rupert Murdoch ante la opinión publicada global, las que han traído conflictos étnicos o religiosos en los Balcanes, Medio Oriente y la región eslava, es decir, en las puertas de Eurasia, como en la época nazi? ¿Debe ser que es mentira que hicieron de comunidades con pocos conflictos entre sí, que durante siglos cohabitaron en las mismas sabanas y montañas, a redurcirse en una vorágine ultraviolenta para desestabilizar Estados-nación y así lograr cortarlas en pedacitos?

¿Cómo se legaliza una masacre como la ocurrida en Odessa hace apenas dos años, o se instauran regímenes ultraviolentos en zonas fronterizas como Ciudad Juárez, México, sin la complicidad de las oligarquías nacionales, apenas gamonales que deben hasta la dignidad al conserje de Goldman Sachs? ¿Acaso no es la OTAN el sueño militar y financiero de Hitler? ¿No es el retrato del miserable sueño europeo consecuencia directa de las guerras mercenarias en el Levante mediterráneo? ¿La tercerización no se refiere, entonces, tanto a la subcontratación de fuerzas irregulares para objetivos específicos a mediano y largo plazo, como a la fragmentación hasta la atomización de toda forma estructural y raigal que se manifeste telúricamente?

¿No se está generalizando en toda la región del hemisferio occidental una ampliación del campo de batalla, en los términos de guerra civil, o mejor, caotizada de cabo a rabo en todo el mapa que describe Diego? ¿Quiénes son los agentes de esa vorágine social sino los Picure del momento, tenga corbata y acciones en la bolsa o un M16 cargada con redes de inteligencia en los predios tomados de Guárico y Miranda? ¿Veremos caminar, con armas de fabricación gringa, yijadistas en Caracas, así como los hay a pocos kilómetros de distancia de la costa oriental del país?

Por absurdo que suene la última pregunta como posibilidad histórica, es necesario mirar a los asesinos de frente como le dice The Hound a una de las hermanas Stark. El fascismo, en cualquiera de sus expresiones, se derrota conociéndolo, y con la memoria histórica en una mano y la otra sucia por rastrillar con las uñas la tierra que nos parió.

 
MISIÓN VERDAD
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