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HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Este país que dependía de las ventas de productos agrícolas y pecuarios en los mercados de Europa y Estados Unidos se vio afectado por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, ya en ese tiempo la profundización de la crisis estuvo compensada, en parte, por las operaciones petroleras, pues los trabajos de exploración y perforación de pozos y de construcción de campamentos y de carreteras se tradujeron en mayores gastos e inversiones y en la creación de nuevas fuentes de empleo.

Al hacer cortes arbitrarios de la historia de Venezuela, muchos estudiosos afirman que nuestro país arriba al siglo XX tras la muerte del General Juan Vicente Gómez (1857-1935), amo y señor de esta Tierra de Gracia durante 27 años.

Tal vez este criterio resulta válido cuando se ve la realidad desde el punto de vista de la evolución del modelo político. Sin embargo, en cuanto a la dinámica de la economía y sus consecuencias (incluyendo en estas también el sistema político y el desarrollo institucional) pudiera sostenerse que el paso de nuestra nación hacia la modernidad más bien resulta de la aparición del negocio petrolero, cuyo hito lo marca la producción comercial del Zumaque 1, el 31 de julio de 1914.

Primero irrumpen en nuestro territorio las actividades relacionadas con la exploración en búsqueda de hidrocarburos, sea asfalto o crudo. Llegan y llegan gentes del extranjero, angloparlantes en su mayoría: gerentes, palabra nueva para muchos criollos; abogados, capataces, mano de obra “especializada” procedentes de Trinidad y Tobago o Jamaica, como relata Armando Córdova, en su Antropología del Petróleo.

Arriban a un país de unos 2,8 millones de habitantes (Instituto de Investigaciones Económica de la Universidad de los Andes): culturas, modos de vida, alimentos, vestimenta, diversiones, vicios y virtudes; maquinarias y equipos, es decir, tecnologías jamás vistas. Sumas millonarias en capitales dejan muy atrás las cuentas tradicionales de una sociedad eminentemente rural –Caracas apenas cuenta con unos 90 mil habitantes– marcada por el latifundio y dominada por caudillos, que vivía de la agricultura, el ganado, el contrabando y las montoneras, tiempos en los que, además, el analfabetismo y las carencias materiales y sanitarias eran la norma para la mayoría de la población criolla.

En 1910 apenas había en el país unas 55 mil industrias, la mayoría de ellas cigarrerías, telares y tenerías con un capital acumulado de aproximadamente 165 millones de bolívares (Paisaje Urbano e Industrial de Venezuela, Rosa Estaba e Ivón Alvarado). El Presupuesto Nacional para el ejercicio 1916-1917, según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Hacienda, calculaba los ingresos en un poco más de 72 millones de bolívares. La fuente de recursos más importante estaba representada por la rentas provenientes de la actividades aduanales (43,2 millones de bolívares), producto de las exportaciones de rubros tales como café, cacao, balatá, madera, papelón, dividive y sarrapia.

En contraste, ya para 1912 las inversiones en el sector petrolero (especialmente en labores de exploración) por parte de las compañías inglesas y estadounidenses superaban los 44 millones de dólares. Solo una oferta presentada en 1920 como parte de una disputa legal relacionada con la Concesión Vigas –que cubría una superficie de aproximadamente dos millones de hectáreas-– ascendía a un millón 350 mil de dólares (algo así como 4 millones de bolívares, más que el presupuesto anual del Ministerio de Fomento y casi la mitad de lo estimado para el Ministerio de Guerra y Marina), sin contar un pago adicional por el mismo monto para que el general Gómez decidiera a favor de la compañía que hacía la propuesta, según comenta Edwin Lieuwen en su libro Petróleo en Venezuela.

Esto nos da una idea del tamaño de la economía venezolana de esta época y la gigantesca capacidad de inversión que comenzaba a mostrar una industria petrolera que daba sus primeros pasos en nuestro país.

La sociedad venezolana para finales de la primera década del siglo XX fue así descrita por Salvador de la Plaza (1896-1970): “En torno al Gobierno de Gómez, integrando la clase dominante, giraban los grandes propietarios de tierras, los comerciantes, prestamistas, rentistas urbanos, alta burocracia. Como clase inferior de sustentación, un campesinado cada vez más explotado y depauperado. Entre ambas clases, y sin que todavía se les pudiera clasificar de clase media, los artesanos, profesionales, empleados públicos y privados, pequeños comerciantes y los estratos más pobres de las ciudades”.

Esta Venezuela que dependía de las ventas de productos agrícolas y pecuarios en los mercados de Europa y Estados Unidos se vio afectada por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, ya en ese tiempo la profundización de la crisis estuvo compensada, en parte, por las operaciones petroleras, pues los trabajos de exploración, perforación de pozos y de construcción de campamentos y de carreteras se tradujeron en mayores gastos e inversiones y en la creación de nuevas fuentes de empleo.

Agrega de De la Plaza que con el inicio de las labores de las compañías petroleras comienza a “resquebrajarse el sistema de las extensas plantaciones y de los vastos hatos, ya que los latifundistas no podrían continuar contando, como hasta entonces, con la requerida mano de obra servil, pues tanto las labores de exploración y de explotación del petróleo como la de los servicios que se improvisan en las zonas donde estas tenían lugar, atraerían –como ocurrió- hacia los campos petroleros grandes contingentes campesinos. De igual manera afluirían los campesinos hacia las ciudades porque el Estado, al disponer de mayores ingresos, los provenientes de la entrega de los yacimientos petroleros, ampliaría su propio aparato y dedicaría sumas cada vez más importantes a la realización de obras públicas, a la ampliación y creación de nuevos servicios”.

El impacto económico de esta nueva fuente de riquezas se expresa a su vez en lo social y en lo político. Al respecto Córdova señala que “paralelamente a la entrega del petróleo y otras riquezas nacionales, Gómez liquida los desprestigiados partidos ‘históricos’ (Liberal y Conservador) e impide toda forma de organización…”. Además resalta que ante “las fáciles y jugosas ganancias que ofrece la era del petróleo iniciada, las clases explotadoras abandonan sus aspiraciones de tomar el poder y se ocupan de buscar y conseguir concesiones para traspasarlas a las empresas de capital inglés o norteamericano”. Y comenta que “expresión sobresaliente del cambio es la forma de una oligarquía petrolera integrada por latifundistas en el poder, que favorecen la penetración del capital monopolista al cual se asocian para enriquecerse más y consolidar sus posiciones de clase principal en la nueva organización de la sociedad”.

En 1928 Venezuela se convirtió en el primer exportador mundial neto de petróleo, con 106 millones de barriles producidos ese año. No obstante, la participación fiscal en los 12 años (1917-1928), se había limitado a sólo 8 millones de dólares, con una producción acumulada de 266 millones de barriles de crudo. Es decir, durante ese lapso la República obtuvo ingresos por concepto de la explotación de su recurso natural de apenas 666 mil dólares por año.

En esta breve descripción de lo que fue Venezuela antes de que aquí se asentara una de las actividades más dinámicas de todos los tiempos, comenzamos mencionando al General Juan Vicente Gómez y cerramos con una cita de Juan Pablo Pérez Alfonso (Hundiéndonos en el excremento del Diablo).

“Todavía al terminar la dictadura de Gómez en 1935, pese a sus ocho años de primer exportador mundial, Venezuela había recibido únicamente 90 millones de dólares para todo el período de los 19 años, 1917-1935”.

La valoración en su justa medida de esa realidad histórica debe estar presente a la hora de reflexionar sobre lo acontecido durante estos primeros 100 años de explotación petrolera venezolana. Al revisarla y estudiarla –junto con otros hechos, como por ejemplo la Apertura Petrolera– podemos a su vez comprender la gigantesca dimensión de la Política de Plena Soberanía Petrolera, ideada y ejecutada por el presidente Hugo Chávez.

FOTO RALPH ARNOLD DEL LIBRO VENEZUELA PETROLERA

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