Una mezcla de incredulidad y arrechera me invadió al enterarme, una vez analizados meticulosamente los resultados electorales, que en las pasadas elecciones del 6 de diciembre, los candidatos de la derecha obtuvieron un número bastante significativo de sufragios en centros de votación ubicados en urbanismos con centenares de miles de casas y apartamentos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, ¡que ya pasan del millón!

Amplios y de primera calidad, recién construidos por el Gobierno Nacional para familias de bajos ingresos que no han tenido que desembolsar inicialmente ni un centavo, dotados con todos los servicios públicos y de instituciones deportivas, educativas y de salud, además de centros de abastecimiento como Pdval, Mercal, CLAP, que incluyen farmacias, panaderías y comedores de los más modernos del país, que ayudan a enfrentar la especulación y el acaparamiento: ¡La guerra económica declarada por la burguesía contra los venezolanos de a pie!

¿Están conscientes esas personas de lo que pudo ocurrirles, de no haber sido por la oportuna y afortunada intervención del TSJ, que le dio un parao a la Ley Estafa promovida por Julio Borges y sus secuaces de la AN, declarándola inconstitucional, sin obviar el derecho que tienen sus seguidores, muchos de ellos pobres hasta de solemnidad, de acceder a ellos?

Pero, ¿no creen que si hubiesen logrado sus criminales y arteros objetivos, no los habrían obligado “legalmente” a cancelarlos a precio de mercado capitalista, es decir, por 30 ó 40 veces más de su valor real, ¡en el supuesto de que los hubiesen dejado permanecer allí!? Para ellos, y también para los que se encuentran en parecidas circunstancias, vayan estas reflexiones del escritor uruguayo Mario Benedetti: “Los pueblos nunca son amnésicos”. Amnistía no es amnesia.

Tampoco los gobiernos son amnésicos, aunque a veces intentan ser olvidadores. Curiosamente, su forma de olvidar suele ser proselitista, ya que su objetivo es que los demás también olviden. Siempre es un mal síntoma cuando un gobernante intenta basar su poder en el olvido colectivo. Por lo general, es entonces cuando propone empezar desde cero, como si eso fuera posible. Lo cierto es que esa frase tiene para él un encanto particular. “Hay que prohibirse mirar hacia atrás; hay que mirar siempre hacia adelante”. ¿Cuántas veces no han oído a los líderes opositores casi que suplicarnos que olvidemos el pasado -aludiendo al de la IV República, la de ellos, tan criminal, represiva e indiferente ante el desamparo de todo un pueblo-, y que sólo el futuro es lo que importa?

Ocurre que el pasado es siempre una morada, y no hay olvido capaz de demolerla

¿No pregonan, con su engañosa y vacía consigna, que “Sí hay futuro”? ¿Por qué se empeñan en invitarnos a no “mirar hacia atrás”? ¿No es acaso “extraño” pretender desterrar de nuestra memoria ¡su pasado!?. “Los pueblos siempre recuerdan -sigo con Benedetti-, pero una forma de ayudarlos a recordar es describir cómo era el pasado cuando aún era presente. Las palabras, aunque hayan sido lavadas del rencor y la venganza, siguen siendo palabras: existen. Los desaparecidos se esfuman, pero la palabra desaparecido adquiere desde ahora una nueva y escalofriante acepción”. (Recordemos que las primeras desapariciones de personas en América Latina ocurrieron bajo el gobierno de Raúl Leoni y AD en 1964, ¡el mismo partido del senil presidente de la AN!). “Ya no corresponderá a la paloma que se vuelve ausencia en la galera del mago, para luego emerger de una de sus mangas; ahora alude más bien al niño que se hizo humo ante la mirada atónita de las abuelas de la Plaza de Mayo, y no hay arte de magia que lo haga renacer”.

La maldición de la tortura fue, existió -conocimos el rostro de un Posada Carriles y del guardaespaldas de Ramos Allup, su discípulo, entre muchísimos otros bestiales sádicos, digo-, pero los olvidadores tratan de borrarla, procuran que la prensa y la TV no osen decir ese nombre, y que las asociaciones pro derechos humanos no sepan ya cómo destacarla en la lista mundial de abyecciones; en todo caso, los olvidadores toleran que la palabra tortura sobreviva como un digno ejemplo de obediencia debida o un matiz de celo excesivo. No obstante, la palabra tortura permanece, no sólo en el lenguaje cotidiano, sino también en el de las cicatrices, las mutilaciones, los muñones de vida, las franjas de muerte.

“La palabra es, probablemente, la mayor dificultad con que se enfrentan los olvidadores profesionales, porque la vocación congénita de la palabra no es omitir, sino nombrar, así como la justicia está para juzgar y no para complicarla en el olvido… Sin embargo, pese a todo, para la injusticia sólo hay un remedio, y éste no es el olvido sino la justicia”, como la que claman las 11 víctimas mortales del 13 y 14 de abril de 2013, luego de que “la nueva Mary Cori” llamara a “drenar la arrechera”; y que en febrero, marzo, abril, mayo y junio de 2014, un monstruoso psicópata, Leopoldo López, invocara “La Salida”, con el escalofriante saldo de 43 muertos y más de 800 heridos, algunos de ellos discapacitados de por vida. ¡Al menos éste último está pagando alguito en Ramo Verde!

“El cálculo que suelen hacer los olvidadores es que ellos olvidan a plazo fijo (y con fructuosos intereses), y que en todo caso serán sus sucesores quienes deberán hacer frente al rechazo popular. Juzgar el pasado no es faena cómoda, pero al menos no es inútil como el olvido. Los olvidadores oficiales, que a menudo proclaman ser portavoces del pueblo, deberían tener cierta osadía, aunque fuese en dosis mínimas, si es que quieren asumir una cuota parte de la dignidad colectiva”. Y no como hacen aquí estos “olvidadores”, que siempre se cagan debido a su estructural cobardía: “Yo no fui”. “Yo no participé en el golpe”.

“Yo no firmé”. “Yo no ordené drenar”, no hubo “salida”, entre otras razones, porque ¡lo único venezolano que tienen es su partida de nacimiento! “El rencor y la venganza inferiorizan al rencoroso y al vengativo. ¡Ah, pero la justa sanción de la tortura y otras violaciones de los derechos humanos dignifican a la humanidad! ‘La tortura no es inhumana’, decía Sartre, ‘es simplemente un crimen innoble y crapuloso, cometido por hombres y que los demás hombres pueden y deben reprimir'”. “No es el olvido lo que puede salvar a una comunidad del rencor y la venganza”.

“Sólo el ejercicio de la justicia permite que la comunidad recupere su equilibrio… Nadie pretenda ser fiel a un futuro, leal a un juramento que todavía no ha hecho. Al prójimo ecuánime entrañable, que también los hay, no le seduce la retórica del olvido sino las cuentas claras. Ocurre que el pasado es siempre una morada, y no hay olvido capaz de demolerla”, concluye Mario Benedetti.

MISIÓN VERDAD
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