La “ayuda humanitaria” es hija incestuosa de la “crisis humanitaria”, ambas derivan de los métodos de Guerra No Convencional, como ya se ha descrito en Misión Verdad recientemente.

Ciertamente existen mecanismos internacionales a través de los cuales se puede activar o dar paso a la recepción de una ayuda humanitaria, para ello deben cumplirse pasos específicos que pueden incluir a organizaciones como Unicef o la Organización de la Naciones Unidas (ONU). Sobre el segundo, abordemos un ejemplo por demás reciente y muy ilustrativo.

En el año 2011, la ONU habló de hacer presencia de carácter humanitario en Trípoli, la capital de Libia. El 19 de abril de ese año, estando el país africano bajo ataque de la OTAN y de las fuerzas opositoras al presidente libio, el Coronel Gadafi aceptó la “ayuda humanitaria” que proponía la ONU. El corredor humanitario sería la ciudad de Misrata.

Nueve días después cayó la primera granada sobre Misrata, ahí se apostaban aproximadamente 50 mil mercenarios que financiaron y entrenaron corporaciones y multinacionales del poder estadounidense y europeo, entre terroristas de Al-Qaeda.

Seis meses después, el 21 de octubre, en el mercado central de Misrata, la misma ciudad que propuso la ONU como corredor humanitario, se exhibía el cadáver del salvajemente asesinado Muhammar Gadafi. El espejo libio se torna hoy crudamente disponible para el reflejo.

Tintori y Olivares tienen como único recurso político la “crisis humanitaria”

Uno de los que desarrolla parte de esta campaña es el diputado de Primero Justicia, José Manuel Olivares. Él ha hecho campaña por la donación de medicamentos oncológicos. En el extranjero, al hablar de lo que necesitan muchos pacientes en nuestro país, la necesidad de adquirir el tratamiento contra las diferentes formas de cáncer predominan en su discurso. Lo que siempre omite Olivares es que el Estado venezolano subsidia esos tratamientos en todos los hospitales oncológicos del país.

Para promocionar la “ayuda humanitaria”, es habitual encontrar a Olivares fotografiándose cargando cajas cuyo contenido nadie alcanza a apreciar. En eso consiste el primer paso que incluye una muestra de la supuesta buena intención, de la ayuda por ayudar, y del trabajo político desinteresado y supuestamente desprendido.

Segundo ejemplo y segundo paso: agradecer a “todos los que donaron” aunque estos no aparezcan en la fotografía, ni tampoco aparezca lo que donaron. Lo que se ve nuevamente son enormes cajas. Un zoom preciso a la foto deja ver que el supuesto contenido de las cajas no son medicinas, son jeringas de 3 ml. Un regalo que desde EE.UU no hicieron Roche ni Pfizer. Y es justamente aquí donde hay que detenerse para hacer la pregunta de rigor: ¿cuántas personas en EEUU o en cualquier parte del mundo están dispuestas o tienen la capacidad económica para donar medicamentos de alto costo? Para ejemplificar, solamente el medicamento Rituximab tiene un costo entre 1.300 y 45.289 dólares.

Finalizando la campaña de propaganda pro-incesante donación de medicinas, comienzan a aparecer los donantes y montoncitos de cajitas de medicamentos. Mayameros solidarios no con el venezolano que padece alguna enfermedad, sino con la idea de que el chofer de buses deje de gobernar el país y vuelvan a llover cupos en dólares para ahora sí hacer patria en una Venezuela de comodidades.

Un reportaje de AFP rebotado por La Patilla asegura que desde Florida, Miami, envían insumos y medicinas a Venezuela. La encargada dice haber perdido hasta la relación con su familia por dedicarse sólo a la labor de recolectar lo que desesperadamente necesitan los venezolanos, y lo hace porque sueña con ver al chavismo fuera del poder. En esta guerra, usted que me lee sigue siendo libre de creer en la solidaridad de la gusanera, yo elijo lo contrario.

Tercer y último paso. Sonará incómodo, pero apelar al dato religioso es también fundamental dentro del discurso de estos operadores. En el paso final, los que donaron y lo que donaron dejan de existir, ya no son protagonistas, sólo queda el individuo congraciándose con los beneficiados usando sólo su nombre, su imagen, su buena intención, su labor heroica con todo y capa blanca.

El proceder de la esposa del monstruo de Ramo Verde en esta tarea también no es muy diferente, aunque siempre resalten la pulcritud de las perchas de marca y el destello rubio de una cabellera siempre bien trenzada.

A Lilian Tintori le designaron hacer del conocimiento público la imagen de una Venezuela en la que urge un rescate, por ello su trabajo más reciente es propagandizar sus giras adicionando el HT #RescateVenezuela. Que además de exponer el carácter farandulero y vulgarizado de la agenda, de igual forma sintetiza que ni siquiera para sus propios planes son efectivos: en la ciudad de Madrid, hace pocos días, se puso de manifiesto su completo desastre a nivel logístico y organizativo para coordinar su parapeto de “ayuda humanitaria” extralegal. Aquellos que dicen querer resolver los problemas estratégicos del país, no pueden ni siquiera organizar bien una recolección de medicamentos.

Cuando Tintori llegó a “rescatar” Tucupita, dijo primeramente que le bloquearon el paso (sí, también lo dijo al llegar a Valencia y a Mérida), que no la dejaban pasar los militares apostados en la alcabala del famoso “cierre”, luego se fotografió abordando unas lanchitas en el río Orinoco y avanzó hasta la capital del estado Delta Amacuro en transporte fluvial. Eso se supone que la hace arriesgada, aguerrida, indetenible. Llegó acompañada por dos expertos en guarimbas, Gabriela Arellano y Yon Goicoechea, y diciendo:

¿Cuál fue el resultado del rescate? Al día siguiente de dar su discurso y de no entregar ni una sola tableta de atamel, se desató en Tucupita saqueos en diversos comercios con daños a varios Mercales.

Como vemos, son variadas las imágenes que estos operadores hacen circular por las redes asegurando que hay una desbordada donación de medicamentos en el extranjero. Lo que no hay es una cifra clara de cuáles son, de quiénes las entregan y sobre todo de adónde van a parar. El mercado negro podría ser una de las respuestas.

Alguien está capitalizando el resultado de esta recolección y no precisamente de forma políticamente abierta, porque si Lilian Tintori o José Manuel Olivares entregaran cada medicamento que dicen recolectar en el exterior, esas fotos saturarían las redes sociales, ocuparían horas en programas de televisión y decenas de páginas en todos los medios que la derecha controla.

Tintori y Olivares: lobbystas de la “crisis humanitaria”

Tintori y Olivares son de los principales voceros de la “crisis humanitaria”, ambos utilizan diversas formas de promocionar el mecanismo de “ayuda humanitaria”. Uno refuerza la matriz de la crisis hospitalaria, haciendo énfasis en casos pediátricos específicos (la sostenida campaña mediática sobre el Hospital J.M. de los Ríos es una prueba de ello), y la otra habla de la necesidad de abrir un “canal humanitario”.

Ellos se están refiriendo a un corredor humanitario, pero lo hacen sin mencionarlo con todas sus letras. Lo maquillan, lo disfrazan, lo hacen sin especificar ni siquiera cuál sería ese fulano “canal”, y lo hacen de esa forma porque cuando se habla de corredor humanitario es para referirse a un paso previamente establecido por organizaciones de DDHH y el gobierno del país afectado para el suministro de medicinas, alimentos, artículos de primera necesidad y para el traslado de heridos y cuerpos sin vida.

En esta campaña de “ayuda humanitaria” también están incluidas ONGs, estudiantes de universidades privadas como la UCAB, artistas nacionales e internacionales, cadenas de farmacia como Locatel y servicios de encomiendas internacionales.

Final incómodo para los amargados de siempre

En Venezuela, la dificultad para acceder a medicamentos de alta rotación es cierta, negarla sería caer innecesariamente en un error político. Lo que nos hemos empeñado en demostrar desde esta tribuna es bajo qué condiciones ocurre esa escasez, cuáles son los factores comerciales que inciden en la misma y de qué forma es utilizada mediáticamente dicha dificultad para fortalecer el asedio que financiera y políticamente ejecuta el poder global contra Venezuela.

Por ello, pese a ese sostenido ataque, el Estado venezolano, consciente de la necesidad de solventar el requerimiento de quienes son dependientes de medicamentos, ha empleado recursos en la importación de medicinas y ha reforzado la industria interna de fabricación y ensamblaje.

Por muy bonito que suene, es necesario ver la “ayuda humanitaria” como lo que es: una estrategia de la antipolítica local para afianzar el imaginario de Estado fallido en Venezuela y favorecer el intervencionismo.

Cuando se puntualiza los mecanismos de una operación como ésta es que se puede entender su verdadero alcance. Si vemos al detalle, ese verdadero kit de ayuda humanitaria que propone la derecha incluye mentiras, guarimbas y la infaltable intervención gringa, todo bien fotografiado y publicado vía medios y redes sociales.

La premisa que enarbolan Olivares y Tintori es una falacia voluble que puede ser moldeada y utilizada cada día desde diferentes perspectivas. Como de hecho lo hacen muy torpemente.

MISIÓN VERDAD

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