Las conexiones de la Conferencia Episcopal con la ultraderecha criolla quedaron en evidencia cuando figuraron como operadores políticos de primera línea durante el golpe de Estado del año 2002. Desde entonces, las jerarquías de la institución eclesiástica no se han podido desvincular de las agendas más reaccionarias y agresivas en contra del chavismo. Por si quedaba alguna duda sobre su papel como actores políticos, la facción venezolana del Colegio Cardenalicio, encabezado por el cardenal Urosa le hacen oposición abierta y activa a las reformas vaticanas del actual Papa. La CEV está alineada en contra de las actuales autoridades en el Vaticano.

El caso de los “seminaristas desnudados” en Mérida es otra muestra de cómo se mueven políticamente y con cuáles sectores del espectro político venezolano. Aunque Lilian Tintori quiso trasladar las responsabilidades del hecho al chavismo, se fue de boca al referirse a los muchachos “atacados” como agentes auxiliares en eventos de la MUD. El Bloque de la Patria hizo público un audio entre el obispo de Mérida, Baltazar Porras, y un “amigo” no identificado, donde el anónimo sugirió al “monseñor” que Tintori modificara sus declaraciones, ya que se hizo evidente la vinculación entre la Conferencia Episcopal y el evento político de Voluntad Popular en Mérida.

Pero esto es un dato menor, debido a que Porras, conocido también por la directa vinculación operativa con la embajada gringa, se implica directamente como patrocinador de los espectáculos mediáticos alrededor de la frontera con Colombia, para apoyar la campaña de intoxicación mediática en torno a la matriz de la “crisis humanitaria”: el centro de la agenda política de la ultra venezolana y de sus conexiones internacionales, llámese Almagro, Marco Rubio y otros senadores del lobby cubano-mayamero, impulsores de la extensión de sanciones contra el país y de la generación de expedientes internacionales pro-intervención con la OEA como tribuna.

A Porras lo acompaña el padre Esteban Gálviz, párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes, de la parroquia Aguascalientes en Ureña, quien ha estado muy activo como agitador y propagandista de las protestas planificadas por la apertura de la frontera y el revocatorio, como se evidenció el pasado 21 de mayo y el mismo día del show de las “damas de blanco”.

De hecho, la Conferencia Episcopal se ha unido a la agenda por la reapertura de la frontera pero por las razones contrarias a las señaladas por la Cancillería venezolana. Lo demuestra así en la exhortación pastoral del pasado martes 12 de julio, en el marco de la centésima sexta asamblea ordinaria de la institución dirigida por el señor Ubaldo Santana, quien también abogó por la liberación de los “políticos” presos como Leopoldo López y Antonio Ledezma, el referédum revocatorio y el falseado “canal humanitario” de Colombia hacia Venezuela. Son los menos interesados en una estabilización progresiva de la situación fronteriza.

La plana mayor de la Conferencia Episcopal se despierta y duerme pensando en cómo entorpecer la propuesta de diálogo del presidente Maduro y cómo repotenciar agendas extrapolíticas y violentas para poner sus mejores oficios en la tarea de sumarse a destiruir y desplazar al chavismo del poder.

Contradicciones entre el Vaticano y la CEV

La mismísima CEV dice estar dispuesta a ofrecer los “buenos oficios” para la realización del diálogo entre Gobierno y oposición.

Señala José Vicente Rangel en sus Confidenciales “que se ha encontrado fuerte resistencia en el seno de la Conferencia Episcopal, donde la influencia del cardenal Urosa y el obispo de Mérida Baltazar Porras, es determinante hasta ahora, aún cuando empiezan a darse cambios interesantes favorables a una apertura en otros integrantes de este organismo”.

Dentro del juego político interno en la Iglesia católica a nivel mundial, la CEV, lo hemos dicho, es una organización opositora a la alta directiva del Vaticano, por lógica simple vinculándose a los elementos más violentos, retardatarios y poderosos dentro de la poderosa estructura.

Hay tres datos que tomar en cuenta para referirse a la actual relación CEV-Vaticano:

  • El actual secretario del Vaticano, Pietro Parolin, fungió de Nuncio Apostólico en Venezuela durante el mandato de Benedicto XVI, y de quien se conoce que tiene excelentes relaciones con la CEV, partícipe del golpe de Estado de 2002. Siendo Benedicto XVI representante de una facción más reaccionaria y conservadora dentro de la jerarquía eclesiástica, la ubicación dentro de ese organigrama y su relación con la CEV de Parolin podría estar entorpeciendo las decisiones del Vaticano. Quizás esa cuota de poder de Benedicto, por ahora, tiene el objetivo de que la CEV gane tiempo para ver si carbura una nueva agenda violenta por el lado fronterizo o por el ansiado y lejano “estallido social”. Escenario que podría afectar cualquier acercamiento del Vaticano a favor de un proceso de diálogo.
  • El canciller del Vaticano, Paul Gallagher, tenía previsto para finales de mayo una visita a Venezuela en busca de las condiciones para la búsqueda de acuerdos políticos, pero se canceló por razones desconocidas. Sin embargo, el 6 de julio pasado se reunieron Hiram Gaviria, quien no ha ocultado su deseo de ver encarcelado en Estados Unidos a Diosdado Cabello, y el canciller Gallagher. El tema de la agenda fue supuestamente el diálogo Gobierno-MUD, pero dados los actos del mentado Gaviria, el resultado buscado no tiene entonces nada que ver con diluir conflictos y bajarle la presión política al escenario, sino todo lo contrario.
  • En el seno del Vaticano sostiene Germán Gorraiz López en nota publicada por TeleSur que existe un complot contra el papa Francisco por varias razones, sobre todo abiertamente por parte de prominentes cardenales (click aquí y aquí), entre ellas la disposición para acercar bandos históricamente opuestos en beneficio de un diálogo político para diluir ciertos conflictos. En Venezuela el cardenal Urosa ha estado muy activo puertas adentro para golpear la inserción del Vaticano dentro del diálogo, buscando que sea la CEV el eje de mediación reconocido por la oposición venezolana, desautorizando de esa forma a sus propios jefes de acuerdo al organigrama político de la institución religiosa trasnacional. Ese conflictos de intereses políticos también afecta a la MUD, pues contradice sus propias exigencias para sentarse a dialogar.

Para desgracia del padre Palmar, el secretario general de la Unasur, Ernesto Samper, anunció el pasado 21 de julio que el Vaticano se incorpora a las mesas de diálogo. No existen hostias que sacien el hambre de violencia neoliberal por parte de la CEV, por lo que se espera una afrenta por parte de Baltazar Porras, mesié Lückhert y cía.

No es de extrañar que el sabotaje episcopal en torno a las acciones políticas del chavismo para desarmar la guerra en la calle y en las altas esferas de poder se den en un tono de doble discurso y en abierta oposición a los dictámenes del actual jefe del Vaticano. Cuando se trata de “buenos oficios”, a la CEV no le basta rezar, más bien le sobra.

Basta recordar la imagen de Porras y el difunto cardenal Velasco, sonrientes, junto al fascismo impuesto de Fedecámaras, por 47 horas, en abril de 2002.

MISIÓN VERDAD

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