Algunas precisiones iniciales

  • El sabotaje económico como recurso asimétrico de la Guerra No Convencional (GNC) contempla la caotización de las más elementales rutinas cotidianas de la población hasta el funcionamiento de la economía en general. Enarbolar una economía paralela, ilegal y criminal, que afecte la infraestructura económica de la nación, más que un recurso táctico para generar dificultades recurrentes para la población, tiene un planteamiento estratégico en el marco de estas nuevas guerras y sobre todo un aditivo especial en la Venezuela revolucionaria: desmantelar al Estado como actor de soberanía y neutralizar la participación política del chavismo.
  • Tácticas de sabotaje como el acaparamiento, la afectación sistemática de cadenas de distribución y comercio y la perturbación de la vida económica cotidiana, constituyen los rasgos estratégicos del violento proceso actual de saqueo global. Saqueo que no únicamente se circunscribe al caos en su inercia operativa, sino a lo que ese caos busca redefinir y moldear a nivel local y global: consolidar un sistema paraeconómico que desmantele cualquier regulación o control sobre la infraestructura económica por parte de las legítimas autoridades del territorio y su población, para integrar al país a la globalización neoliberal del desempleo, los bajos salarios y del trabajar para medio comer.
  • En la medida en que tácticamente va sumando desgaste y descontento por parte de la población, también objetivo fundamental dentro de la GNC, por el lado estratégico sienta las bases para la privatización y la entrega del país al capital transnacional: el final feliz del 1% más rico del planeta.

Diferencias y similitudes con Nicaragua y Chile

  • Para que un proceso de sabotaje económico se desarrolle, el poder financiero global toma siempre dos vías expeditas: el bloqueo y la reducción de los ingresos nacionales mediante la manipulación del mercado internacional de materias primas. La Nicaragua de la primera etapa del sandinismo y la Chile de Allende, también dependientes de la venta de materias primas (cobre y sal en el caso chileno, carne y azúcar en el nicaragüense), fueron víctimas de esta tenaza.
  • Siempre se comentan ambos casos por el lado del acaparamiento, pero poco se analiza, sobre todo en el chileno, cómo el Banco Mundial impidió el acceso del gobierno de Allende al crédito internacional cuando justamente el precio del cobre se venía en picada junto al petróleo, o cómo Nicaragua, al perder su capacidad de exportación gracias al bloqueo impuesto por la administración Reagan en 1981, vio saboteado su mercado interno a la par de un agudo proceso de especulación y boicot a la distribución de bienes esenciales.
  • En ambos casos, los sectores más concentrados de la burguesía comercial y transnacional respondieron automáticamente al bloqueo buscando mecanismos paralelos de distribución para aumentar los precios de productos esenciales y restringir al máximo su oferta, la cual ya venía potenciada por la imposibilidad de los dos gobiernos para importar y estabilizar el mercado interno, tanto por el bloqueo como por la depreciación de sus ingresos nacionales. En el caso venezolano, grandes bancos y corporaciones ya tenían bajo la manga a Dólar Today y al FMI aguardando la estrepitosa caída de los precios del petróleo, por cierto, orquestada por ellos mismos desde el mercado energético, para iniciar la alteración de la estructura de costos y precios del país.
  • La creación de un mercado negro (lo que en Venezuela llamamos bachaqueo) en esos países, como aquí, describe un dato de fondo poco analizado por la economía política: la burguesía importadora y comercial más concentrada es una marioneta que siempre responderá igual a los dictámenes del gran capital global. La exacerbación del acaparamiento, la especulación y el sabotaje a la distribución pone de manifiesto cómo ejecutan el trabajo sucio encomendado para que los efectos del bloqueo se prolonguen y se vuelva rentable esa dinámica paraeconómica hasta que se cumplan los objetivos políticos deseados. Ansa-Consecomercio y Conindustria, en el caso venezolano, son sus principales operadores a lo interno.

Entre manuales y conspiraciones nos reconocemos como actores políticos

Pero tres años de guerra económica continuada ha roto el celofán. Todo el sector comercio -grande, mediano y pequeño-, y su réplica descentralizada (el bachaqueo), está inscrito en una dinámica donde la circulación paralela de productos básicos se ha transformado en un patrón criminal de distribución y comercio.

Esta economía paralela ha redefinido el papel que tienen los galpones y rutas de distribución, ya no como alcabalas tradicionales a nivel logístico para trasladar bienes esenciales desde las plantas de producción hasta los automercados privados (que controlan en un 70% el sistema de distribución y comercial), sino como redes informales que la distribuyen directamente al bachaqueo y al comercio final (panaderías, bodegones, restaurantes, etc.), ahí donde el capital se revaloriza y aumenta su extracción de plusvalía.

Si revisamos brevemente el manual de sabotaje a la Nicaragua sandinista diseñado por la CIA (The Freedom Figthers) y las filtraciones de la ITT (hoy corporación AT&T) que describen el boicot comercial a la economía chilena, nos daremos cuenta, con la excepción de la lamentable guerra civil impuesta al pueblo nicaragüense, que las acciones irregulares que hemos enfrentado en Venezuela son mucho más contundentes y agresivas. Las colas del pan en Chile hasta la omisiones en tareas de mantenimiento en empresas públicas en Nicaragua se quedan en pañales ante los casos de acaparamiento y desvío de alimentos por parte del sector comercial/distribuidor en Venezuela.

Cada mes de este primer semestre tuvo, al menos, un caso de mega-acaparamiento o de desvíos de alimentos por parte del sector privado y sus ramificaciones bachaqueras. Contraria a la demonización orquestada por los medios de comunicación privados sobre la Operación Ataque al Gorgojo, responsable de seguir, incautar e interceptar las cadenas de desvío y acaparamiento privado, dicha operación también ha desarticulado mafias a lo interno de la red pública de alimentos.

El sabotaje no termina aquí

Estos casos sólo componen una de los factores de la guerra económica en su fase de agudización durante este primer semestre. Otro factor importante a destacar tiene que ver con actos de guerra irregular, financiados y apalancados por actores políticos de Voluntad Popular, durante la ola de saqueos programados durante el mes de mayo. Más de diez mercales, pdvales, camiones, centros de acopio de los CLAP, es decir, la infraestructura pública de distribución de alimentos, fue severamente afectada en estados críticos del país, que por su condición de periferia resienten los flujos más agresivos de la guerra.

Si la política lo engloba todo, entonces la guerra en su dimensión económica no tiene sólo al acaparamiento y el desvío de alimentos como táctica y procedimiento de sabotaje, sino también el ataque directo, organizado y planificado contra la misma infraestructura que el bachaqueo y la burguesía comercial busca desmantelar: aquella que ahora con los CLAP le sigue permitiendo al chavismo diseñar y organizarse en medio del campo minado de la guerra. El sabotaje económico agrede todas las esferas de la vida social de la población.

Porque más allá del plan a futuro, de ese largo plazo oscuro y trágico que se labra el capitalismo en su fase de mayor deterioro, hay un elemento estratégico en todas estas operaciones de sabotaje económico: distraer y agotar al chavismo en un complejo proceso de sobrevivencia para que no se involucre en el estudio y diseño de sus propias claves históricas, que no son otras que la participación y el protagonismo.

Si aguantamos estos inclementes ataques durante seis meses, es porque políticamente entendemos que todo ese relato mediático de que supuestamente somos nosotros los culpables de la crisis es pura propaganda barata, aunque sea dirigida por expertos estudiosos en redes sociales y ultrasofisticadas agencias de publicidad. Nos subestimaron, y ahí están los resultados. Hoy es 26 de julio, fecha histórica para los pueblos del mundo, y seguimos escribiendo nuestra historia.

MISIÓN VERDAD

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