Y ya se nos salió la otra palabra clave: los burgueses no soportan el desorden y ni tan siquiera lo entienden, y es una delicia verlos ahora creyendo que luchan por la libertad, la mayoría de ellos sin saber que en realidad están luchando por la instalación de una sociedad donde impera el ORDEN, y más exactamente las órdenes (las de ellos, por supuesto). No hay que tener muy afinados el oído o la mala intención para percatarse de las acepciones más claras que tiene la palabra “orden”: es algo que le impone a usted una autoridad o un ente considerado superior (“ordene, mi comandante; ordene, jefe o patrón; ordene, su señoría”) y es también el resultado de hacer las cosas “como Dios manda”: a usted le ordenan algo y la consecuencia es que usted va por la vida al menos creyéndose o sintiéndose ordenadito, pulcro, correcto, perfumado y legal. El ser ordenado camina derechito; el ser libre es desordenado por naturaleza. El ser domesticado necesita de alguien que le ponga orden, que le diga cómo hacer las cosas o que se las tenga hechas; el ser cimarrón y bravío tiene siglos construyéndose en el desorden y por lo tanto sus construcciones no son totales y mucho menos perfectas o tan siquiera soportables para la “gente de bien”. El sujeto que vive en una quinta de Los Chorros la compró hecha; el sujeto que vive en La Vega levantó ese rancho peleando contra los elementos, contra la policía y contra la estigmatización de los medios y del discurso “ordenado”: el hombre blanco no asesinó indígenas en masa sino que civilizó, evangelizó, fundó; el oprimido no funda sino que invade, enajena, ensucia y afea.

Decía allá arriba que me causaban gracia y placer los revolcones que recibían los señores “ordenados” de la sociedad “ordenada”. He hablado en pasado porque han ocurrido cosas. Se han detenido o devuelto procesos que debieron seguir su camino. Como Chávez estaba a la cabeza promoviendo y estimulando aquel revolcamiento (Chávez, el militar cuyo primer acto de Gobierno fue haber eliminado la recluta; Chávez, el anti-diplomático que le echó un beso y un abrazo a la reina de Inglaterra para volver mierda el protocolo; Chávez, haciendo lo que hizo en materia de comunicación de masas) uno creía que el chavismo en pleno había entendido la naturaleza contracultural y anti-convención de esta Revolución y de todas las revoluciones planetarias, pero la triste realidad es que cierto espíritu anquilosado tiende a recorrer el ánimo de nuestra gente y ya uno ve a camaradas procurando formalizar lo que debería seguir siendo patrimonio de pueblos desbordados. Le hemos hecho concesiones preocupantes a esa sociedad formal, y eso parece que viene en el paquete histórico de la evolución humana en su afán civilizatorio. El tema es viejo y su discusión larga y copiosa (hacer revoluciones o institucionalizar procesos).

El caso es que hay ciertos vergajos, de los nuestros y de los otros, que de tanto rendirle culto a los rituales y a la presunta santidad de la sociedad “formal”, acabaron por desconocer el espíritu más noble de eso que llaman “educación”. Gente que cree que en la universidad se produce y se origina conocimiento, cuando la realidad más sólida y rastrera indica que en la universidad sólo se sistematiza lo que la humanidad, es decir el pueblo en pleno, va produciendo en las ciudades, campos y caminos. Hay académicos que entienden esto y son los que de verdad alcanzan categoría de genios, de creadores universales, genios que son carne de pueblo. Pero hay otros que creen que, por ejemplo, sin universidad no hay “progreso”. Que la academia es el único lugar adonde se produce y reproduce el conocimiento. Uno de estos sabios me restregaba en la cara hace unos años el hecho de que sin ingenieros no podrían existir puentes, represas ni acueductos, y que sin médicos nuestra salud estaría en manos de brujos y curanderos. Me cansé de tratar de hacerle entender que los puentes, represas y sistemas de riego existen muchos siglos antes que existieran universidades, y que la salud es un asunto que comienza con la alimentación, no con un récipe ni con un quirófano. Pero el pobre hombre no cedió ni cederá jamás en la creencia de que las universidades inventaron el mundo.

Cada vez que me encuentro en el trance de dar (una vez más) la misma discusión, se me activa un mecanismo de defensa contra las úlceras que produce el discutir con esta clase de mamagüevos, y me desfilan por la mente el nombre, el ejemplo y la palabra del inventor más grande nacido en suelo venezolano, aquel señor que estudió hasta cuarto grado de primaria y que, cuando fue a recibir un piche doctorado Honoris Causa (intento de la academia en “validar” el saber de este campesino asombroso) recibió este intento de piropo por parte del señor rector: “Un inventor de su estatura con sólo cuarto grado, ¿se imagina lo que hubiera hecho si hubiera pasado por la universidad?”. La respuesta del viejo Luis Zambrano ya es un clásico: “Si hubiera pasado por la universidad estuviera como usted, aplaudiendo los inventos de otro”.

Vale la pena seguir quebrando lanzas a favor de la lectura correcta de los códigos burgueses

***

Pero hay demasiados episodios que le congelan a uno la carcajada, como por ejemplo la verificación de que es universal el proceso de concesión o entrega de los saberes del pueblo a la engreída validación de la universiad, ese ente medieval que muchos creen poder transformar con sólo ponerle un adjetivo (hay universidades bolivarianas, indígenas y campesinas, ¿quetestás creyendo tú?). En México ya hay intentos de secuestro masivo de la cultura del mariachi y en Brasil hay todo un movimiento que cree poder “limpiar” el hecho de que la samba es un hecho cultural producido en la miseria de las favelas, creación ancestral de esclavitudes y desplazamientos, y convertirla en materia obligatoria. Al cabo de siglos o décadas, comenzará alguna generación cabeza e tornillo a propagar la idea de que la samba y la música mexicana las inventaron unos señores profesores inteligentíiiisimos después de mucho estudiar y leer historia de la música. Ya lo verán.

***

En Venezuela, las sucesivas crisis, la guerra contra el pueblo y el ancestral asco a lo popular con que se nutre el ceremonial capitalista de la producción y consumo de bienes, registra también episodios dramáticos en que lo formal (limpio y pulcro) pretende desautorizar, criminalizar y proscribir la creación del pueblo (libre y callejera). La historia del cocuy es un ejemplo formidable y todavía no resuelto: las embotelladoras y productoras de cerveza, ron y aguardientes en manos de potentados lograron hace décadas que la legislación convirtiera en delincuentes a quienes destilaban cocuyes y miches callejoneros con los métodos artesanales de toda la vida. La Revolución le reconoció el carácter de elemento patrimonial al cocuy, pero ya anda agitándose otra vez el aguaardiente de la inquisición anti-pueblo y allí tenemos a la Asamblea Nacional en manos de burgueses “revisando” lo que la legislación chavista había reconocido en materia de saberes ancestrales, semillas y otros asuntos cruciales para nuestra sobrevivencia como pueblo productor de cultura.

El llamado de Consecomercio a que el pueblo desconozca y tenga temor de lo que anda haciendo el mismo pueblo es una rémora, una reminiscencia o un acto de nostalgia hacia el ORDEN con que se imponían las normas burguesas: ni más ni menos, Consecomercio quiere que OTRA VEZ se imponga el aparato de la validación burocrática de bienes hechos por la gente para resolver los problemas de la gente. Las empresas que producen jabón están quebradas o decidieron poner su producción en manos de bandas criminales que lo revenden a precios repulsivamente altos. Ante la situación, están proliferando jabones artesanales como los que usaba la gente antes de la llegada de la industria cosmética. La reacción de Consecomercio es digna de análisis siquiátrico: emplaza al Gobierno para que “las autoridades, siempre ocupadas en vigilar, inspeccionar y sancionar a productores, fabricantes y comerciantes formales, tienen que actuar también ante este caso”. No solicita que el Gobierno deje de joder a los empresarios, no: piden expresamente que se dedique a joder también al pueblo que anda inventando formas para salir de estos atolladeros.

Que un producto lleve una etiqueta formal y la validación de autoridades sanitarias no garantiza que ningún producto sea más apto para el consumo humano que otro. Lo único que informa y consagra esa etiqueta es que el dueño de la fábrica que obtuvo la etiqueta tiene plata para pagarla y tiempo y abogados para hacer trámites burocráticos. Que el envase de una leche diga que es “pasteurizada y homogeneizada” no convierte a esa leche en más pura y apta para el consumo humano que la leche materna.

Y sobre la estafa de la arepa de harina precocida ya se ha hablado de varias formas, pero vale la pena seguirle la pista a una reciente maniobra, realizada en dos sencillos pasos:

1) Echo a rodar una ridiculez propagandística en forma de “noticia” que nos hace sentir orgullosos de ser venezolanos: la arepa dizque es el desayuno más nutritivo del mundo. Muchos aceptaron que los despertaran a bofetones, “Chacho er coño, ¿no te das cuenta que lo nutritivo de una arepa de harina pan no es la arepa sino el relleno? ¿No te enteraste de que esa “arepa” es un bagazo inorgánico hecho para meterte una pelota de almidón en el estómago y hacerte pensar que mataste el hambre mientras ella te mata a ti?”. Pero otros no aceptaron la advertencia y todavía andan propagando la “noticia” como la gran conquista patria.

2) Echo a rodar otra ridiculez, esta vez una calumnia, una falacia sucia y coñoemadre: la arepa pelada, es decir, la arepa de verdad, la que produce el pueblo y no una industria, es nociva para la salud. Fíjense cómo es presentada la patraña: “EL EXCESIVO CONSUMO de arepa pelada”. Bastaría con indicarles que cualquier cosa consumida en exceso (incluso periodismo de guerra) es nociva para la salud. Pero el objetivo lo lograron: hacer que la gente sospeche, se sienta temerosa, dude, empiece a sentir como asquito y al final desprecie a las arepas de verdad, y sienta más nostalgia y necesidad artificial de ir a jartarse de las seudoarepas de la familia Mendoza y sus derivaciones.

Sí que vale la pena seguir quebrando lanzas a favor de la lectura correcta de los códigos burgueses, que seguirán bombardeándonos hasta desmoralizar a muchos. De hecho, es uno de los pocos campos de batalla donde todos o casi todos podemos y debemos participar cotidianamente, sin descanso.

 

 MISIÓN VERDAD
Anuncios