Sin embargo, realmente son pocos los éxitos y muchos los fracasos en los que se esconde también la total utilización del narcotráfico para intervenir en la región.

Decimos esto porque básicamente la Guerra Global contra las Drogas, como la atención a “situaciones humanitarias”, es lo que justifica que en la región se mantegan más de 80 bases militares y que la IV Flota haya vuelto a patrullar las aguas marítimas de América Latina, cuando Washington comenzaba a perder su influencia. Un despliegue militar, junto con acuerdos de seguridad directo con países, que debería haber reducido drásticamente el narcotráfico en la región y haber contenido el consumo de drogas en Estados Unidos.

Derrota y fracasos de la Guerra Global contra las Drogas del Comando Sur

Los planes más grandes y más anunciados para luchar contra el narcotráfico han sido el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida de México. No hay que ser analista para plantear que las drogas a través de estos dos países siguen fluyendo y que, en el caso mexicano, después de la “Guerra contra el Narco” del presidente Felipe Calderón apoyada por el gobierno estadounidense, la proliferación del narcotráfico campea a sus anchas.

Este desastre se ha vuelto de tal magnitud en los últimos años que incluso sus consecuencias se han esparcido con cada vez más fuerza hacia Centroamérica. En este contexto, en 2012, el Comando Sur organizó una coalición militar entre los países de Centroamérica más Colombia, Gran Bretaña, Francia, Holanda y Canadá, bajo la denominada Operación Martillo.

Si bien su nombre inspira contundencia y gran operatividad, lo cierto es que la operación fue un fracaso ya que los flujos supuestamente atacados se movieron de sus rutas habituales y aumentaron en un 14%, de acuerdo con los datos suministrados por el Comando Sur en su balance realizado en 2013.

Esa fue una sola operación del Comando Sur, pero lo cierto es que la militarización directa e indirecta con formación de soldados y policías en estos países tampoco cortó el flujo de drogas que pasan hacia Estados Unidos. El fracaso es de tal magnitud que países productores con presencia e influencia estadounidenses, como lo son Colombia y Perú, no dejaron de ser grandes productores e incluso el primero se convirtió también en un importante consumidor.

Si bien se puede hablar de un descenso en la producción de cocaína, lo cierto y concreto es que la cantidad de hectáreas plantadas con coca bordean las 90 mil en Colombia, en las narices de los militares estadounidenses, y que México es de donde sale la totalidad de la heroína, además de las metanfetaminas, que consumen asiduamente los ciudadanos estadounidenses, de acuerdo al último informe de 2013 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Ex presidentes cercanos a Estados Unidos, como el colombiano César Gaviria y el brasilero Fernando Henrique Cardoso, califican de fracaso la Guerra Global contra las Drogas. En caso de que usted aún no confíe en estos datos antes reseñados queda aquí para su comprensión el siguiente mapa en el que el Comando Sur confiesa que en su cara están transportando cocaína de a montones en Colombia, después de más de tres décadas dedicados a esto:

Comando Sur

Carteles, Comando Sur y Venezuela

Para nadie es un secreto que, durante la Administración Obama, en México han proliferado carteles integrados por militares formados para la guerra sucia por Estados Unidos, como los Zetas y Jalisco Nueva Generación, y en Colombia los desmovilizados paramilitares, también formados por instructores estadounidenses e israelíes, continúan en actividad con las Bandas Criminales (Bacrim) ocupando, al menos, un cuarto del territorio colombiano.

Este hecho evidente relacionado al narcotráfico y paramilitares formados por Estados Unidos también tiene un componente geopolítico en el caso venezolano, ya que en los últimos años el énfasis del Comando Sur puesto a contener las rutas colombianas y aledañas en Centroamérica han hecho que éstas se corran con mayor fuerza hacia Venezuela.

Como esto es cierto, también lo es que junto a este corrimiento ha venido creciendo la infiltración de bandas paramilitares, como Los Urabeños, Los Rastrojos y las Águilas Negras, dedicadas a conducir estos flujos de alijo, junto al contrabando de armas estadounidenses comprobado por la justicia norteamericana y venezolana, bajo el fin de también permear la institucionalidad y el aparato de seguridad de Venezuela.

A partir de este hecho, de una política deliberada del Comando Sur por correr el narcotráfico hacia Venezuela, es que la Administración Obama y lobbies de distinto tipo están enfocados en criminalizar a altos funcionarios del Estado y crear carteles imaginarios como el de Los Soles y Los Flores, cuya invención proviene de integrantes del complejo militar-industrial estadounidense, ampliamente involucrados en la dirección del narcotráfico en la región en años anteriores, como Otto Reich y Roger Noriega.

Sin embargo, Venezuela continúa siendo un país sin producción de ningún tipo de drogas, y los resultados en materia de narcotráfico, como la detención de 135 capos desde la expulsión de la DEA en 2005, decomiso de 78 mil kilos sólo en 2015, y el derribo de avionetas de transporte, han generado el interés de otras agencias antidrogas en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el Problema Mundial de las Drogas (Ungass).

Lejos está Venezuela, además, de ser un centro de lavado de dinero del narcotráfico, como sucede con Estados Unidos, y mucho menos de ser una Panamá en la que hayan escritorios de abogados como Mossack Fonseca, dedicados a blanquear dinero de agentes y narcotraficantes ligados a Estados Unidos durante la ocupación militar del país.

En ese sentido, tanto el Comando Sur como la DEA y la CIA sí han tenido éxitos en la región en permitir y disfrutar de las mieles del narcotráfico, como el gran cartel que son y que nunca dejarán de ser.

MISIÓN VERDAD
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