El magistrado Sergio Moro es largamente conocido y promovido por llevar la causa Lavadero de Autos (“Java Lato”) que encarceló políticos y empresarios brasileros, basada en hechos de corrupción alrededor de la estatal brasilera Petrobas.

Sin embargo, su operatividad fue decisiva cuando a inicios de año filtró un audio en el que la presidenta Dilma Rousseff y Lula Da Silva conversaban sobre el reciente nombramiento de este último como jefe de gobierno para evitar ser encarcelado por Moro, empecinado en perseguirlo sin base jurídica.

La filtración de ese audio por parte de un juez municipal sin dudas fue definitoria porque a partir de este hecho es que se le dio la cobertura mediática y judicial a la puñalada trapera del golpista Michel Temer.

El juez Moro festeja a lo grande en Estados Unidos

Meses después de haber sido reprendido por el Supremo Tribunal de Justicia, Moro repotenció su perfil de personaje de farándula y emprendió una gira por medios y, por supuesto, uno de los primeros lugares a los que fue a contar su experiencia fue Estados Unidos, donde tiempos antes de empezar la causa Lavadero de Autos fuera formado por el Departamento de Estado.

Justamente en esta gira, el 14 de julio Moro participó en el foro “Diálogo Judicial entre Estados Unidos y Brasil” del Wilson Center, financiado en un tercio por el Congreso de los Estados Unidos y cuya filial en Brasil es pagada por la corporación petrolera Chevron, según su propia declaración de pagos.

Esta corporación no es cualquiera en la política brasileña, ya que el canciller del golpista Temer, José Serra, prometió darle parte de la Cumbre Pre-Sal ni bien pudiese aprobarse su proyecto en el congreso para quitarle el derecho de exclusividad a la estatal Petrobras, cuya reputación Moro destruyó y en este momento es desguazada por Temer con ventas de zonas en la Cumbre Pre-Sal y activos en Argentina, entre otros países.

Los que enjuician a Dilma creen que aún existien los virreinatos y sus protectorados

Por eso no es para nada casual que ocho días antes de la conferencia de Moro, en el mismo Wilson Center participase en el mismo foro el juez José Antonio Dias Toffoli del Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF). Decimos que no es casual porque es precisamente el STF quien se ha dedicado a legitimar la continuación del juicio político contra Dilma, aun cuando hasta los mismos peritajes del Senado demuestran la inexistencia de los delitos de pedaleos fiscales de los que se la acusan, y es el STF quien tiene entre sus miembros a Gilmar Mendes, un probado articulador del golpe junto a Temer y resto de miembros de Diputados y Senado.

A veces ser activo participante en reuniones con golpistas, como Dias Toffoli, y dar conferencias en foros pagados por Chevron, cuando quien preside la comisión de impeachment es el titular del STF, te hace más que un simple orador.

El juicio a Dilma y los preparativos para el saqueo

Como dijimos en Misión Verdad, la causa Lavadero de Autos que soporta las agresiones a Brasil y sirve de pretexto para movilizar el golpe comenzó en los bufetes de abogados de JP Morgan en Estados Unidos, y en este momento tiene su epílogo en el Senado de Brasil en el que los audios filtrados de su presidente Renal Calheiros, miembro del partido de Temer, muestran la necesidad de la corporación política de “detener la sangría” de detenciones y sentencias para circunscribirlas sólo al PT con la culminación del impeachment a Dilma.

Más allá de que la misma composición del Senado y Diputados, como la del gobierno de Temer, sea la de miembros del agronegocio, industriales esclavistas brasileros y representantes de bancos, lo que destaca es la devolución de favores que se le está haciendo a Chevron con la inmediata sanción en el Senado del proyecto de apertura de la Cumbre Pre-Sal, y las negociaciones que adelanta Temer con bancos como JP Morgan, UBS, HSBC, Goldman Sanchs, Vanguard Corp y Black Rock, entre otros, en la privatización de activos del Estado una vez finalizado el golpe.

Destacan porque tal como hemos visto, Chevron y JP Morgan, sólo por citar los casos más evidentes, son de los mismos capitales: Vanguard Corp, State Street Corporation, Black Rock y Capital World Investors. Los mismos que han duplicado la deuda petrolera de Chevron que hace indispensable la Cumbre Pre-Sal, y los mismos que negocian con Temer la privatización de los fondos de pensión de Brasil.

Paseos como los de Moro y Dias Toffoli del STF lo que refuerza es la visión de que en Brasil no sólo es que gobierna una pandilla de ladrones, sino que sus “inversionistas” los vigilan de cerca para que no se salgan del guión acordado, bajo la amenaza de redireccionar la justicia en su contra y sustituirlos de facto si es que no le sirven.

Como si viviésemos en 1810, y todavía existiesen los virreinatos y sus protectorados.

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