Una pila de documentos de la Asamblea Nacional debe estar quedando en esos cajones que quedan en el polvo y el olvido, con todas esas leyes sancionadas y acuerdos: para futuros historiadores de la historia política del país, son el legado de un episodio en el que la Asamblea Nacional no intentó siquiera cumplir con el papel constitucional que le toca fungir, sino que quiso conformar un paraestado con base en la nada política para insertarse como un aliado más de La Embajada & cía.

Porque en la calle no existe atisbo alguno que traduzca la funcionalidad de las siete leyes hasta ahora sancionadas por la mayoría parlamentaria en posesión de la camada de vagos, el lado negativo de la dialéctica encarnada en quienes calientan los curules a mano derecha del espectro político y social de Venezuela.

Nada más la estafa que se pretendía activar mediante la llamada Ley de Otorgamiento de Títulos de Propiedad a Beneficiarios de la Gran Misión Vivienda Venezuela era un acto más de la condición que arropa a los diputados de la MUD: son unos simples gestores políticos de los grandes intereses económicos y financieros. Ni hablar de la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, un parapeto para liberar a Leopoldo López, es decir, como otro acto de guerra más.

Por otro lado, que diga la lectoría de esta nota para qué han servido la cantidad de acuerdos (59 en total) que ha suscrito esa mayoría atormentada por los seis meses que pasaron con el chavismo en el ejecutivo. Tan irrelevantes como el del 30 de junio “que Exalta y Felicita la Labor del Periodista Venezolano” (ya sabemos a cuáles periodistas se refieren: infomercenarios) hasta el signado el 26 de enero “en Homenaje al Dr. Rafael Caldera”, el mismo que con que la Agenda Venezuela buscó transnacionalizar el Estado sin escrúpulos.

Para qué mencionar (pero ahí va) el acuerdo para demonizar “el Decreto de Estado de Excepción y de Emergencia Económica”, con que se expuso la total impertinencia para la MUD del plan de gobierno en materia financiera-económica para intentar vencer los diferentes frentes abiertos de la guerra no convencional contra Venezuela.

El único agente activo en el escenario político que procura un plan para su ejecución en beneficio de las mayorías venezolanas es el chavismo, con el Gobierno Bolivariano encargado de paliar las actuales condiciones del país. Con desdén y absoluta malcriadez goda, la bancada opositora que -al fin- la tuvo para botarla del estadio lo que hizo fue hacerse un autogol. Quiso jugar fútbol en un parque de béisbol.

12 veces forfait

Lo que denota el debilitamiento político que había alcanzado la MUD hasta hace ocho meses. No creemos que sea la causa de las inasistencias descaradas por parte de todos los diputados de la bancada opositora que -como todos sabemos pero vale la pena repetirlo- mantiene una chucuta mayoría.

“Esta Asamblea Nacional está técnicamente cerrada”, declaró el diputado chavista Francisco Torrealba, y no sin razón debido a que no sólo están ausentes en la vida política del país sino que tampoco se les ve en sus curules muy a menudo.

No le han contado a su fanaticada que son los campeones de romper pactos sociales, e incluso demagógicamente publicitarios, en Venezuela, como todo lo prometido durante la campaña electoral para las elecciones pasadas, y eso lo confirman, incluso con leyes que a nadie le importa y a todos perjudica, las 12 suspensiones de sesión del Hemiciclo por falta de quórum.

12 veces en que la mayor cantidad de diputaciones controladas por la MUD ha decidido no asistir a la faena legislativa porque seguramente los representantes de la sociedad civil decente e iluminada hacían algo mejor como extorsionar y embolsillarse dólares o planificar guarimbitas por aquí, ruedas de prensa por allá.

12 veces que confirman que llegan a cruzar la frontera de Chacaíto hasta el centro de Caracas sólo para sabotear cualquier gestión que difiera de la suya y no para “resolver” crisis alguna sino para conducirla al caos, una agenda traducida del inglés.

12 veces que no jugaron por forfait.

Se lee doce.

El país según Ramos Allup

La expresión singular en la lejanía de las necesidades del país tanto dicen entender se encuentra encarnada en Henry Ramos Allup. No sólo porque es un adeco ejemplar, también reclama ese papel dentro del juego debido a la conjura majunchera que llevó a la MUD a dinamitar el capital político que había alcanzado el 6 de diciembre pasado.

Un gestor de contractoras que busca ansiosamente culminar su carrera política con broche de cemento y cabilla para beneficiar a la familia D’Agostino es la vara que mide al político cuartorrepublicano, típicamente puntofijista, que suele vivir a costa del esfuerzo ajeno. Ese bachaquismo político-empresarial reforza la tendencia histórica de esa clase a comportarse como los flojos y vagos, tengan la mayoría o la minoría en la Asamblea Nacional.

El tributo que significa montarle la alfombra a las grandes constructoras en lo económico y confrontar a un poder público con una Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia -sancionada el pasado 7 de abril- por mandato del Departamento de Estado es sencillamente un vulgar escupitajo a todo lo que significa Venezuela.

Aunque la memoria afloje, quedan algunas generaciones que recuerdan la desidia puntofijista en la que Ramos Allup era una voz más del castillito adeco de cristal de la llamada clase bipartidista. La precandidatura anunciada sólo prefigura lo que fueron, entre otras cosas unos gestores locales de miseria planificada, pero sobre todo lo que son con una cuota de poder. El peso de la experiencia es contraproducente para el país cuando estás casado con Diana D’Agostino.

Carcamal de la política, Ramos Allup desea ser presidente, y cree que de verdad puede llegar a serlo, con una gestión parlamentaria desastrosa, sin ningún sostén positivo. No le ha servido de la mejor forma a la Venezuela profunda que busca salir de las penumbras actuales. Más bien ha contribuido a alimentar el caos que tanto interesa a la CIA para jugar sus piezas en el tablero.

El chavismo no debe permitir que lo viejo, que no termina de morir, se lleve consigo un país entero.

MISIÓN VERDAD
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