La administración de los tiempos políticos por parte del alto mando político-militar de la Revolución indudablemente pone en el primer plano la falta de unidad de mando y de concepción política a lo interno de MUD.

Esto no sólo se resume en la falta de coordinación en cuestiones políticas elementales -como la decisión de vocerías para culminar su evento cumbre por todo lo alto-, sino también por lo que pueda generar la frustración y la desconexión de la propia dirigencia escuálida con sus seguidores.

Los “infiltrados” que no son parte de la MUD

Desde esta perspectiva, ese punto culminó en las mentadas de madre (vía redes sociales y en el propio terreno de los hechos) por el escueto manifiesto leído por Chúo Torrealba al finalizar la jornada del 1 de septiembre. Los hechos de violencia ocurridos posterior a la movilización, distribuidos en pequeños focos en la Francisco Fajardo, Las Mercedes y Altamira, fueron la extensión de ese síntoma de frustración comentado con anterioridad, capitaneado por los guarimberos empollados -y abandonados- por Voluntad Popular.

Así, sin disímulo ni vergüenza, tanto Carlos Ocariz como medios escuálidos insignias como La Patilla y Caraota Digital, trataron de “infiltrados” del Gobierno a sus seguidores que decidieron arremeter contra las fuerzas de seguridad del Estado (y policías municipales como Polibaruta, Polimiranda y Polichacao) que garantizaron en todo momento el desarrollo en calma de la movilización.

Una operación de control de daños en lo discursivo con ese tono y a esa velocidad pone en evidencia la contradicciones de la MUD entre su antesala del 1 de septiembre -discurso insurrecional y agresivo- y el abandono posterior de su propio relato: ese día sería “un antes y un después” para la historia política venezolana, pero no fue.

Las molotovs, las capuchas y las guarimbas que en un último intento desesperado de recule dijo Chúo que no habría, les refresca una memoria a la MUD que no quieren recordar y que buscan endosársela al chavismo, como si fuéramos nosotros y no ellos los que tienen la exclusividad de dicho prontuario. Al culpar ligeramente al chavismo de la violencia de aquel día, buscan encubrir la enorme fisura existente entre Voluntad Popular y los otros sectores de la MUD (PJ, AD, etc.), que tratan de no ser arrollados por los planes -desmantelados a tiempo por el Gobierno Bolivariano- del partido naranja.

En las propias redes sociales fueron abundantes las respuestas de estos seguidores de la MUD afirmando que no eran ningunos infiltrados. Confusión que aumentó aún más cuando Polimiranda y Polichacao, dos policías intervenidas por el Gobierno Bolivariano, reestablecieron el orden en Altamira.

Incluso entre su propios seguidores hubo un repudio a estos actos de violencia, cuyo extremo ocurrió en Las Mercedes cuando se arrojó una bomba molotov a efectivos de Polibaruta.

Confusión y agenda difusa: ganadores y perdedores del 1 de septiembre

No sólo que la proyección de la agenda política de la dirigencia de la MUD es difusa, sino que hasta sus propios seguidores no confían en ser tomados en serio y tienen serias diferencias cuando de actos de violencia se habla, tal como ocurrió cuando se encerraron en sus urbanizaciones en 2014.

Algunos pusieron más la carne en el asador que otros.

Sólo con observar el saldo político, MUD adentro, lo que resalta son los desproporcionales resultados entre el dispositivo operativo de Voluntad Popular, cuya vanguardia fue desarmada y obligada a recular, y lo intacto que quedaron los liderazgos y armados organizacionales de Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.

Unos pusieron todo, y otros no pusieron nada, un hecho que se refleja en el siguiente pataleo de David Smolansky, alcalde de El Hatillo, ante la supuesta “línea unificada” de culminar la marcha en un megacacerolazo.

Sin embargo, esto no puede ser interpretado sin poner a contraluz como un anciano, cercano a estar en edad de entrar en geriátrico, como Henry Ramos Allup, que se posiciona por encima de Henrique Capriles y la nueva camada de políticos de derecha en Venezuela. La intención de querer funcionar como un péndulo discursivo para ser Primero Justicia y Voluntad Popular a la misma vez -quedar bien con todos- es la mejor muestra de cómo a lo interno nadie sale por nadie y cómo Henry Ramos Allup espera que los otros actores sigan capitalizando derrotas para hegemonizar el liderazgo opositor, pero manteniendo la “unidad”.

La imposición del discurso y los tiempos por parte del chavismo

Estas contradicciones, aunque nadie lo quiera ver, están mediadas por la imposición de una agenda política del chavismo hacia dentro de la MUD que la vuelve reactiva y la obliga a responder ante sus movimientos.

Advertir -y desmantelar a tiempo- los planes de Voluntad Popular, y que luego la MUD en coro haya calificado de infiltrados a sus propios seguidores, inscribe a la oposición venezolana en un consenso contra la violencia y a favor de la política con mayúscula edificado por el chavismo.

Otra vez se suponía que a partir del 1 de septiembre la dirigencia escuálida adquiría, por vía intransferible de una anunciada megamarcha, la administración de los tiempos políticos del país, y los evidentes hechos contradictorios, como también las respuestas reactivas al discurso del presidente Maduro sobre la inmunidad parlamentaria, dan un completo panorama sobre el capital político que queda para la MUD y sus capacidades reales de sostener el aliento en lo que queda de año, cuando ellos saben que no dan los tiempos para que haya referendo -su principal eje de presión política- en 2016, y que seguir inflando esas expectativas en sus seguidores los desgasta.

MISIÓN VERDAD
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