Ya entrando en las vísperas de la Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, esa tesis no hace otra cosa que caerse por su propio peso. No únicamente por el evento en sí mismo que tendrá lugar en la isla de Margarita del 13 al 18 de septiembre, sino por el conjunto de alianzas geoestratégicas y nuevas instancias internacionales que la política exterior chavista ha construido y fortalecido desde hace 17 años.

El conflicto político en Venezuela no puede entenderse sin sus implicaciones internacionales y geoestratégicas. Los intentos para cercar y aislar al país del entorno internacional, afectar sus consensos regionales y globales, deben entenderse en el marco de una estrategia de asedio con objetivos más allá de lo coyuntural. La legitimidad de un Estado no sólo radica en su legitimidad de origen, sino en su reconocimiento internacional.

Los casos de Siria y Libia son emblemáticos e igualmente trágicos en este sentido: los cauces de la guerra se abrieron precisamente cuando ambas naciones se vieron afectadas en su posicionamiento geopolítico e internacional. Cuando perdieron reconocimiento mediante la misma estrategia de cerco desde instancias regionales, fueron aislados y se quebraron sus sistemas de alianzas.

La avanzada de Luis Almagro desde la OEA (sin apoyo de los países que la integran) en contra del chavismo y los intentos de Brasil, Paraguay y Argentina de impedir que Venezuela asumiera la presidencia pro témpore de Mercosur, ambos casos analizados por Misión Verdad, buscaban consagrar ese objetivo, primero en la región más cercana y sensible (América Latina y el Caribe) para que luego se replicara en otras zonas geoestratégicas.

Las alianzas geoestratégicas de Venezuela se inscriben dentro de un nuevo esquema multipolar y de articulación de bloques emergentes de poder que hoy disputan la hegemonía internacional de Washington.

La razón instrumental del cerco financiero contra el país proviene de los intereses de las más altas esferas del poder mundial. Almagro y compañía desde el Mercosur son simples operadores.

Cumbre MNOAL y sus reacciones

Que la agenda política actual esté marcada por la Cumbre Mnoal describe el desespero de los actores de la oposición, de los conglomerados mediáticos más agresivos y de operadores internacionales en torno a las bases de apoyo internacional de Venezuela, su posicionamiento geopolítico y el fortalecimiento de su sistema de alianzas con el mundo multipolar.

Después de haber perdido dos rounds importantes para avanzar en su agenda, el 1S y el 7S, una cumbre que entroniza a Venezuela como presidente de la segunda organización más grande por cantidad después de la ONU, es otro balde de agua fría que les cae por sorpresa.

Muestra de ello es el artículo publicado por Luis Almagro en El País de España donde intenta poner en relieve y actualidad la amenaza de aplicarle la Carta Democrática a Venezuela, la intoxicación elaborada por el corresponsal -Kejal Vyas- de The Wall Street Journal en torno a las relaciones China-Venezuela, la alharaca de Henrique Capriles instando a los países del Movimiento de “no participar en show del gobierno” y la rueda de prensa de Henry Ramos Allup y Luis Florido, centrada en sabotear el evento.

En estos momentos la agenda del referendo revocatorio y la convocatoria a la movilización del 14S pasan a segundo y tercer plano. La Cumbre Mnoal y el diálogo les ocupa el tiempo y los hace agotar sus municiones políticas en dos escenarios donde se ubican a la defensiva.

Últimas giras, zonas geoestratégicas y el despliegue de la política exterior chavista

Estando a pocos días de la Cumbre Mnoal, es una oportunidad repasar qué lugar ocupa Venezuela en el mundo, a qué organismos multilaterales pertenece y cómo se enmarca dentro del nuevo mundo multipolar a través de instancias bilaterales desde las cuales emanan convenios de cooperación en áreas financiera, económica y política.

Venezuela no sólo es fundadora y coordinadora de importantes organizaciones internacionales como Celac, Petrocaribe y ALBA-TCP, sino que también ocupa la presidencia pro témpore de Unasur y Mercosur. Venezuela es un actor de peso en la región de América Latina y el Caribe, que ha representado un dique para que Washington ejerza influencia económica y política. Estos organismos configuran el armado internacional de la política exterior chavista y su inserción como actor de poder regional: instancias como Unasur han sido claves para la negociación del proceso de paz en Colombia; Petrocaribe representa una de las principales plataformas de coordinación para el intercambio comercial y el suministro energético en el Caribe; y Celac y ALBA-TCP que hacen de contrapeso a la OEA como espacio de influencia de Washington en la región.

Además, Venezuela forma parte del Consejo de Seguridad de la ONU (máxima instancia de decisiones de la organización), ocupando su presidencia durante el mes de febrero del presente año. Es un actor de peso en la OPEP y lo ha demostrado al ser un factor para la generación de consensos para estabilizar el mercado petrolero.

En el Plan Nacional Simón Bolívar (2007-2013) se definieron el conjunto de zonas geoestratégicas en que la política exterior venezolana visualiza como prioritarias para ubicarse en la nueva geopolítica mundial. Es en ese marco que Venezuela establece alianzas con África a través del foro ASA, con Asia a través de la Comisión Mixta de Alto Nivel con China e India principalmente y con la región Euroasiática mediante la CIAN con Rusia, y otras comisiones de alto nivel con Irán y Bielorrusia.

Las últimas giras y actos de cooperación de Venezuela con su entorno internacional se han dado sobre la base de este planteamiento geopolítico: el acuerdo de cooperación entre Pdvsa y Rosneft para la explotación de gas por 20 mil millones de dólares y los acuerdos de cooperación en materia financiera y en el marco de la Agenda Económica Bolivariana con Irán y China, además de las giras por países de la OPEP para reforzar las negociaciones en miras de un acuerdo a corto plazo para estabilizar el mercado petrolero.

Mientras la MUD enloquece por el diálogo y esnuca su propia convocatoria a marchar el 14 de septiembre, exigiendo un referendo revocatorio que por su propia ineficacia no podrá realizarse este año, el chavismo fortalece sus alianzas y se despliega internacionalmente. Les guste o no, el chavismo juega grandes ligas en el concierto internacional.

 MISIÓN VERDAD
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