Este juego de barajas puede prestar insospechadas similitudes con la política. En un juego de apariencias, y fuerzas administradas, muchas veces no gana el que tenga las mejores cartas, sino que el mejor las juega. Quien interpreta mejor la aritmética de todo el mazo de cartas y su despliegue en la mesa, quien juega con la psicología de sus adversarios y -aquí los maestros del estilo- el que no deja que los demás adivinen, no sólo sus cartas, sino también sus emociones y pensamientos. El que pone la mejor cara de póker.

La oposición venezolana, durante el año que aún transcurre, parece haber pasado por alto estos fundamentos. No obstante haber mostrado todas sus intenciones, ideas y pensamientos luego de su victoria electoral el 6D, nos mostró tarde y con torpeza la única carta política a la que terminaría apostando en 2016: la solicitud extemporánea para convocar a un referendo revocatorio contra el presidente Maduro. Se gana al póker cuando la mano y la oportunidad juegan juntas.

Hasta el próximo mazo, querida e inoperante MUD

La mano -una victoria electoral con números sólidos- para la acción política la tuvieron, y la oportunidad pudo ser construida si con cara de póker hubieran convertido el ejercicio legislativo en capital político para convertirse en verdadera alternativa de poder. No un sencillo bluff -otro truco de cartas- que perdió su tiempo cuando la mano cambió de lugar. Hacia el lado del gobierno revolucionario.

Para jugar el póker, a la política, y a la vida en general, también se requiere concentración, y una aptitud que en forma de valor universal los epicúreos denominaban templanza. Todos los conceptos antes estudiados fueron mal utilizados o ampliamente ignorados por una dirigencia opositora cuya mano se quedó fría. El juego también cambia de lugar a medida que las cartas se rotan, y en la misma disposición en que los jugadores administran un factor clave en cualquier apuesta: el tiempo.

El tiempo, que ahora juega en contra de una oposición que, sabiéndose sin más cartas, apela a las amenazas directas, buscando provocar a sus contendientes en un intento desesperado de notoriedad. Pero sucede que, como en la baraja, ya la aritmética también se hizo inapelable. La propia torpeza de la MUD condenó al referendo revocatorio en 2016, al ejercicio legislativo de su mayoría en la Asamblea Nacional, e incluso los delirios presidenciales de más de uno de sus desbocados líderes de turno. Hasta el próximo mazo.

MISIÓN VERDAD
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