Hace unos meses el compañero Luis Britto García advertía en su artículo dominical sobre el posible uso que tendrán medio millón de soldados colombianos luego del acuerdo de paz con las FARC. “Tras la firma de los Acuerdos de Paz, esta sobredimensionada milicia no tiene función, a menos que asuma la de librar su propio territorio de las bases extranjeras que lo ocupan”, lo que obviamente no sucederá.

Bien se sabe que, lamentablemente, la desmovilización de las FARC no es el fin de la guerra en Colombia. Primero porque persisten las causas que generaron el conflicto y sin justicia no hay paz, segundo porque aún hay unos diálogos apenas iniciando con la segunda fuerza guerrillera (ELN), tercero porque aún existen activos grupos paramilitares a los que eufemísticamente llaman Bacrim (Bandas Criminales), y cuarto, porque el Estado colombiano continúa judicializando toda forma de protesta por lo que los cuerpos de seguridad colombianos y sus paramilitares continúan ocupados en atacar al pueblo para contener sus luchas.

Sin embargo, la pregunta retórica que nos plantea el revolucionario venezolano tiene sentido pues es de suponer que esta desmovilización sí desescalará el enfrentamiento militar cotidiano y, por tanto, es lícito preguntarse en qué plantea ocupar sus recursos humanos, tecnológicos y su amplia experiencia de combate, la fuerza militar colombiana una vez que pierda lo que considera su principal enemigo. La respuesta es una amenaza real a la paz de Colombia y la región: Damasco.

“Este es el ejército del futuro, el verdadero ejército del pueblo”

Con esta frase, que claramente alude al nombre de las FARC-EP, el Ejército Nacional de Colombia lanza su nueva doctrina militar para lo que han decidido llamar “el post-acuerdo”. Una nueva periodización de la historia colombiana en la que dejan al descubierto que, para el ejército colombiano, el acuerdo de paz no es el producto de una negociación política entre el gobierno, las FARC-EP y mucho menos el pueblo, sino el resultado de su victoria militar sobre la insurgencia. En el marco de ésta, su post-guerra adelantada -pues aún no han desmovilizado del todo a las FARC, ni han firmado acuerdo alguno con el ELN ni el EPL-, la nueva doctrina militar anunciada públicamente por el presidente Juan Manuel Santos en agosto de 2016 tiene un nombre muy sugerente: Doctrina Damasco.

Argumentan que este nombre tan llamativo proviene del pasaje bíblico en el que Dios abre los ojos a San Pablo para que éste deje de perseguir a los cristianos, pero esta creación teórica conjunta reúne a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a los ejércitos de EEUU, Chile y Colombia en el año 2011, justo cuando se inicia la intervención extranjera en el conflicto sirio. Casualidades y milagros conjugados son siempre inquietantes.

Resulta, además, muy preocupante para quien tenga memoria histórica, que coincidan en este proyecto el ejército de Chile y el de Colombia, que son sin lugar a dudas dos fuerzas armadas altamente pro-imperialistas y represoras de su propio pueblo, junto a la OTAN, bajo el ojo del Gran Hermano: los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Qué podrán aportar a la humanidad en general, a la región en particular y a la propia paz de Colombia?

SAP: Sistema de Amenaza Permanente

Para no desactivar sus costumbres represivas, el ejército colombiano habla ahora del SAP como el enemigo que pone en riesgo la estabilidad, en tiempos de lo que han dado en llamar el “post acuerdo”. Una amenaza persistente a la que definen como “un monstruo llamado SAP (Sistema de Amenaza Permanente): disidencias de FARC, el ELN si no se suma al proceso”, y sin duda, los movimientos sociales.

¿Está Venezuela en la mira?

En la práctica, los pocos meses transcurridos desde la firma de los acuerdos de La Habana se han caracterizado por un aumento de la criminalización de la protesta en Colombia, una persecución legal e ilegal a los líderes y lideresas populares, defensores y defensoras de DDHH, líderes sindicales, entre otros que en muchos casos ha terminado con su asesinato. “En el post-acuerdo no vamos a parar, no nos vamos a quedar dormidos”.

El ejército colombiano deja claro, en todos sus documentos públicos sobre esta doctrina, que no cree en los llamados acuerdos de paz. No los ve como el producto de una negociación política en la que se reconoció la beligerancia de una organización guerrillera de más de 60 años y de algunos movimientos sociales que lograron ser parte de ello. Para el ejército colombiano la firma de los acuerdos no fue más que el producto de su victoria militar sobre las FARC-EP. Aunque con ello contradigan los argumentos que hicieron merecedor del devaluado Premio Nobel de la Paz al actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

Evolucionar para estar alineados con la OTAN

Luego de una evaluación de su doctrina anterior, el ejército colombiano, según expresan sus representantes, concluyó que uno de sus problemas era no haber evolucionado a la par de los ejércitos alineados con la doctrina OTAN. Por lo que se planteó actualizarse con esos estándares internacionales a partir del año 2012. Hacer acopio de lo que define como una “gran experiencia de más de 60 años de guerra irregular” para lograr un funcionamiento multinacional.

Esta actualización implica que unificará con la OTAN sus términos y símbolos, y aumentará la capacidad operativa con equipos que estén al nivel de los países vecinos. Según se expresa en los videos promocionales, esta nueva doctrina se plantea cuatro tipos de operaciones: ofensivas, defensivas, de estabilidad y de apoyo a la autoridad civil para integrar “sus acciones con asociados de la acción unificada, conjunta, interagenciada y multinacional” para enseñar a los militares colombianos a utilizar términos y símbolos que permitan la interoperatividad “cuyo fin es que el ejército conduzca operaciones militares unificadas (OTU) dentro del país y a nivel regional y mundial”.

Otro alerta que se enciende es la referencia que hacen los generales de Colombia en estos documentos a la posible actuación del Daesh en América Latina. La pregunta capciosa es si se trata de un temor, un anuncio, una amenaza o una confesión anticipada.

Un ejército al servicio de quién

Con el discurso de siempre de quienes propugnan este nuevo plan, pretenden desarmar cualquier análisis crítico desde el tradicional disfraz de la neutralidad, la objetividad y la tan manoseada ciencia. “Esta doctrina no es política. Nada de Norte vs. Sur, Oriente vs. Occidente o Comunismo vs. Capitalismo. Es sólo militar”.

Ya desde 1982 el ejército colombiano tiene presencia en la península del Sinaí como parte de un ejército “de paz”. Esa misma noción de “paz” que ha dado el Premio Nobel a Obama y a Santos, ahora concibe al “ejército del futuro”. El mayor experto latinoamericano en guerra asimétrica se prepara para misiones fuera de Colombia, en el continente americano o en otras latitudes, en acciones interagenciadas y multinacionales. Las aspiraciones internacionales de la Doctrina Damasco colocan al ejército de Colombia al límite de convertirse en un ejército mercenario.

La nueva doctrina militar del Ejército Nacional de Colombia se ha planteado un tiempo límite de cuatro años para la formación de toda su tropa, esos cuatro años se cumplen en el año 2020, es decir en algo más de dos años luego de la publicación de este artículo. Esto nos regresa a la pregunta inicial de Britto García, pero ahora con nuevos argumentos: ¿Qué pasará cuando, concluido ese lapso de tiempo, el gobierno colombiano considere que toda su fuerza se ha adecuado a su nueva doctrina y esté listo para actuar? ¿Está Venezuela en la mira?

MISIÓN VERDAD

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